Pensamiento vs. algoritmos

Pocos ignoran que las redes sociales (una explosiva mezcla de brevedad, inmediatez, emociones y algoritmos) son un factor determinante en la polarización de nuestra sociedad. Si bien muchas de las ideologías, religiones o sensibilidades, tienen en sus autores de origen todo un fundamento lleno de matices, estos se van perdiendo progresivamente en aras de la brevedad cuando se expresan en redes sociales. Las afirmaciones, cada vez más reducidas y simples, van reduciendo la vida mental y social a un tablero en blanco y negro, en posturas que finalmente se vuelven irreconciliables y antagónicas. Ya no se dialoga intentando comprender al otro: se juega al pin pon de frases agresivas, con cada vez más virulencia. A esta polarización, que sin duda empobrece el pensamiento, hay que añadir la decidida tendencia de los proveedores de redes sociales a personalizar la publicidad. Lo hacen contabilizando con cookies nuestras visitas a sitios web, registrando el tipo de contenidos que consumimos, nuestros «me gusta» a ciertos autores, etc., y calculando con algoritmos qué nos gustaría recibir. De ese modo, nos van encerrando en nuestro propio ambiente, nos reducen a leer lo que ya creemos y pensamos. Así que cuando nos enfrentamos a otros puntos de vista, la sensación de extrañeza es cada vez mayor. La opción de salirse de las redes -cada vez más frecuente entre los personajes relevantes de la vida social- proviene precisamente de la fatiga que genera esa polarización. Es urgente aprender a pensar juntos ¿Significa esto que todos deberíamos darles la espalda a las redes sociales? A mi modo de ver, no necesariamente. Reducir nuestras horas de consumo, seguramente. Pero sí urge convertirnos en usuarios/ciberciudadanos que toman conciencia de esa dinámica empobrecedora: la simplificación y la autorreferencia. Necesitamos personas mucho más proactivas que decidan abrir espacios para el auténtico pensamiento en común. Nos enfrentamos a grandes desafíos. Desafíos que no son individuales, sino precisamente, sociales. Todos estamos implicados, tanto en los problemas, como en sus posibles soluciones. Es imprescindible que avancemos en estrategias que permitan a personas con sensibilidades, ideologías o religiones distintas, escucharse y entenderse mutuamente, que se abran a ponerse en la piel de los otros, aprendan a deliberar y decidir de manera corresponsable. El diálogo fecundo es un arte que se debe enseñar desde la infancia, porque implica la humildad de la razón: comprender que yo veo sólo una parte de las situaciones, y que puedo equivocarme incluso en aquello que veo. La humildad de la razón es la que nos permite admitir que los demás nos aportan algo, su visión puede completar o corregir la nuestra, y viceversa. Nadie sabe todo, todos sabemos algo, no hay nadie de quien no podamos aprender algo. Esta humildad ayuda también a sanar las emociones: se reduce la ira, la descalificación de los otros, y podemos empezar a empatizar con personas de otras «tribus» hasta comprender que la persona es más valiosa que sus ideas. ¡Podemos incluso empezar a ser amigos! Este aprender a pensar con otros debería empezar por los más cercanos, para luego abrirnos a los que nos quedan más lejos y los consideramos distintos y divergentes respecto a nosotros. La razón humilde nos permite dar esos primeros pasos. Pensar juntos, dentro y fuera de las redes, eligiendo las cookies que aceptamos, venciendo a los algoritmos y a nuestros propios sesgos de autoconfirmación, implica por supuesto un esfuerzo. Pero nuestra sociedad está hondamente necesitada de concordia y buen diálogo para conseguirla. Leticia SOBERÓN MAINEROPsicóloga y doctora en comunicación Fuente: https://www.revistare.com/2021/06/el-arte-de-pensar-juntos/

Hacia una cultura de los cuidados

Hoy, las personas mayores (65 años o más) constituyen el grupo de edad que crece más rápido en el mundo. Según la ONU, globalmente y por primera vez en 2018, las personas mayores superaron en número a la de los niños menores de 5 años, y para 2050 el número de personas mayores superará al de adolescentes y jóvenes (entre los 15 y los 24 años). Algunas regiones, como Europa y Asia Oriental, ya se enfrentan a un reto considerable a la hora de apoyar y atender a esas personas. A medida que la esperanza de vida sigue aumentando, puede que el papel de las personas mayores en las sociedades y las economías sea más importante. Debemos adaptar los sistemas de educación, atención sanitaria y protección social para proporcionar una red de protección social a este grupo etario cada vez mayor. Los modelos de cuidados han ido evolucionando desde una atención centrada en el seno de la familia, en la que las personas cuidadoras principalmente eran mujeres, a una socialización de los cuidados en la que la institucionalización es el recurso más habitual ante la pérdida de autonomía de una parte y la dificultad del entorno familiar para compatibilizar la atención y cuidados necesarios, con otras realidades familiares o profesionales.  En un estudio realizado hace unos años por el Programa de mayores de la Obra Social de la Caixa, se concluía que la mitad de los ancianos encuestados expresaban el deseo de continuar en su domicilio en el caso de requerir cuidados.  Además, es elocuente la experiencia vivida durante la pandemia de coronavirus en tantas residencias de ancianos, donde la concentración en el mismo lugar de tantas personas frágiles y la dificultad para atenderlas por falta de medios humanos y materiales, generó situaciones muy difíciles de gestionar, a pesar de la abnegación y el buen hacer de muchos profesionales dedicados a la asistencia.  Este nuevo escenario ha hecho más visibles las carencias en el modelo de cuidados y el grave problema de salud pública que supone. Parece necesario y deseable avanzar en una reflexión que configure un nuevo paradigma en el modo de convivir entre las distintas generaciones, dando prioridad a los más vulnerables. Posiblemente se trate de un giro copernicano, que como en el caso de aquellos descubrimientos científicos de Copérnico revolucionaron el modo de entender los movimientos de los astros en el siglo XIV, en nuestro tiempo los acontecimientos vividos nos proponen un cambio en la mirada, tomarse tiempo para identificar las inercias que hasta ahora nos han guiado y reconsiderar los nuevos caminos a transitar.   Entender que la experiencia de los cuidados se desarrolla en un contexto de interdependencia, de realidad compartida en la que, por ambas partes, personas que precisan cuidados y personas que cuidan, se ha de replantear la autonomía y el devenir cotidiano de cada una de ellas y de todas en su conjunto.  Un salto cualitativo hacia la cultura del cuidado Se necesita un giro copernicano a partir de una mirada innovadora en la gestión del tiempo, de los espacios, de los estilos de vida. Veamos por ejemplo cómo: Necesitamos avanzar hacia una cultura de los cuidados, comenzando desde la infancia en las familias y en los centros educativos; promover el acercamiento intergeneracional que permita entender nuestra vejez, a la que posiblemente llegaremos. Promover más visibilidad en los medios de iniciativas que acerquen y permitan conocer mejor la diversidad contenida en esta etapa vital y los valores que ofrece.  La vejez es nuestra vejez, la de cada persona que ya llevamos dentro el anciano o anciana que posiblemente llegaremos a ser. Reconozcamos el giro copernicano para caminar hacia una sociedad en donde nadie sobra; todos sumamos.  Remedios ORTIZ JURADO Fuente: https://www.revistare.com/2022/04/hacia-una-cultura-de-los-cuidados/

Hacia el ser ecológico

A raíz de la docencia universitaria prolongada y enriquecedora con el documento de la Carta de la Paz  (texto corto de sensibilización que pretende favorecer una cultura de paz, equidad y justicia), inicié una profunda reflexión personal y un largo proceso de transformación en algunos aspectos de mi vida. En mí se despertó algo dormido, fui sintiendo la gran necesidad de ‘desaprender y deconstruir’; seguir otros senderos y abrirme, incluso, hacia lo profundo de mí, para conocer lo que soy, aceptándome tal y como soy, con capacidades, límites y circunstancias del entorno. En esta tarea me fui reconociendo como portadora de injusticias, sustentadora de un estilo de vida consumista -devastador para los seres y el planeta-; incoherente ante mis discursos de respeto hacia los otros ‘diferentes y libres’ como yo…  Con el paso del tiempo, caí en la cuenta de que me había desconectado de aspectos que, nuevamente, iban tomando relevancia, como por ejemplo: mi cuerpo, sus órganos y funcionamiento; o los elementos de la naturaleza que nos conforman y de los que somos una parte; la unión con el resto de seres vivos o con la fuente energética que nos sostiene. Agradezco estos 15 años. Mientras trataba de enseñar se me abrían horizontes nuevos, otras visiones del mundo, e iba haciendo cambios, recibiendo experiencias y aprendizajes. El punto 5 de la Carta de la Paz que tanto pregonaba en las aulas, había calado en mis adentros. Me hizo darme cuenta, sentir -no tanto pensar- mis raíces primigenias (existo como única posibilidad de ser lo que soy, fruto de lo que me precedió históricamente: acontecimientos, ancestros, átomos, tiempo y espacio). Se juntaron en mí, un yo soy rescatado de la nada, singular único e irrepetible que podía y puede reír y llorar, amar y odiar junto a todo lo que existe.  Asimismo, iba creciendo el valor existencial por el otro, aunque esté lejos o no lo conozca -es un tú que existe por gratuidad y carambola cósmica como yo-. Redescubrí el valor de la compleja y rica diversidad cultural que nada tiene que ver con el linaje sanguíneo y sí, con la hermandad, incluso de todo lo existente, que se amplía sin límites hasta fuera de nuestro universo.  Lentamente, fue una evolución hacia una mayor consciencia de mí, con la imperiosa necesidad de vivir desde el cuido y la conservación en los indivisibles ámbitos de la vida. Me iba unificando de tal manera que opté por lo ecológico como una alternativa para mí, más austera y sostenible. Empecé a sentir el cántico de san Francisco a las criaturas como una oración de palabras sagradas que me arropaban y se encarnaban. Fruto de este proceso, y tratando de producir el menor impacto funesto en el entorno, decidí apoyar iniciativas de respeto a los seres humanos y al resto de vivientes. Empecé a reciclar, compostar, buscar formas alternativas de menor agresión ambiental; también a colaborar, cuidar y conservar lo que usaba o tenía, fuera una cuchara, un pájaro o una flor. Inicié una dieta vegetariana a favor de la vida y en contra de la industria cárnica que tanto encarecen los alimentos y es la causante de enormes cantidades de gases tóxicos y residuos sólidos. Sí, siento el gozo de reconocerme en lo que soy, una con lo creado -desde sus múltiples formas de vida que apuestan de forma silenciosa y creativa por mejorar el mundo, la subsistencia y la convivencia-. Siento la importancia de continuar por este camino ya que formo parte de ese bello universo donde las personas tenemos la posibilidad de humanizarnos o destruirnos, no solo a nosotros mismos, también a la naturaleza que es nuestra casa común. Los seres humanos sabemos que -por ser imagen y semejanza de Dios-, podemos expresar que somos ‘los preferidos’ (cfr. Gn.1,26), pero también sabemos de nuestra responsabilidad en la evolución planetaria. Formamos parte del universo y el planeta; y en él no somos mucho más que otras especies, podemos llegar a extinguirnos fácilmente por nuestra propia y amenazante inhumanidad con actitudes de preponderancia, poder, vanagloria, injusticia….  ¡Somos responsables de que el Reino de Dios se realice en nosotros y en quienes nos rodean! Todo lo creado es bello, diferente, variado, con diversas funciones, papeles y características dentro del ecosistema universal. Parafraseando a san Pablo podríamos decir, ‘somos un solo cuerpo con muchos miembros…’ (cfr. 1 Corintios, 12). Lo que concierne a la vida, es parte de un sistema conexo que se mueve al unísono y en armonía, si cada uno responde libre y benévolamente desde la paz, la belleza, el bien. Y para eso, tenemos buenos guías: Jesús con sus bienaventuranzas (Mt.5,3-12), San Francisco con su suplica a Dios, ‘hazme un instrumento de tu paz’] y que nos invita ante cualquier ofensa, a ofrecer amor, perdón, unión, fe, verdad, alegría, luz, consuelo, comprensión; a entregarlo todo, sin mirar a quien. Es un gran reto responder a los desafíos actuales y reconstruir, crear, hacer crecer, florecer y cuidar cuanto existe en nuestra casa común. Anna M. Ollé Borque Fuente: https://colegiatansdc.blogspot.com/search?updated-max=2022-07-09T19:12:00-07:00&max-results=7

Mirar con ojos nuevos

Me gusta ir al mar y perderme mirando el horizonte o a la cima de una montaña y observar la ciudad ante mí. En definitiva, me da serenidad la idea de tomar perspectiva. Mirar lo mismo desde otro punto de vista. La imagen de la montaña me la enseñó mi papá cuando era niña. Cuando atravesamos una dificultad nuestra mente intenta encontrar la forma de volverla más llevadera. Una forma es hacer una pausa y tomar perspectiva, mirarla casi como en una pantalla, desde fuera, para llegar a resolver el problema o aceptarlo si no está en nuestras manos su solución. Por eso muchas veces buscamos la soledad y el silencio. Porque en el silencio, podemos escuchar otra voz.  Pero ¿qué pasa cuando no existe la posibilidad de ir a una montaña o a la playa o a ningún otro sitio? Cuando nos encontramos en medio de la realidad con la que lidiar.  Los seres humanos tenemos la habilidad de generar perspectiva desde donde estemos aprendiendo a preguntarnos de forma constructiva. Ante una situación determinada puedo decir ¿por qué yo? o ¿qué puedo aprender de esto?  Según el físico teórico Jyri Kuusela, de la Agencia Espacial Europea (ESA), «el cerebro siempre está trabajando, aunque estés sentado sin hacer nada, y puede ser enseñado para actuar en nuestro beneficio”.  El hombre genera alrededor de 60.000 pensamientos al día y la mayoría son negativos, repetitivos y del pasado.  Además de los miles de pensamientos que producimos, solemos cuestionarnos o a los demás alrededor de 300 veces al día. Por lo tanto, podemos intuir cuán importante son las preguntas y pensamientos que tenemos, estos generan creencias sobre nosotros mismos y los demás. Ante la vastedad de pensamientos que producimos hemos de elegir pensar y preguntar lo que nos sugiera una salida o una respuesta para el bienestar. Tony Robbins en su libro Despertando al gigante interior (Awaken the Giant Within), describe cómo enfocar los eventos de la vida a través de sanos cuestionamientos, de modo que se vuelvan posibilidad y no obstáculo. Porque de la manera en que te cuestionas, enfrentas la vida y te relacionas.  Las preguntas cambian la atención a lo que estoy preguntando y, por ende, cómo me siento; cambian el estado emocional, y cambian las herramientas a disposición, crean perspectiva.  Esta pandemia es una buena oportunidad para poner en práctica esta capacidad humana para cambiar no lo sucedido, sino la experiencia que tenemos al respecto. Muchísima gente ha sufrido conjunta e individualmente. Y también mucha de ella ha decidido volver este momento uno de aprendizaje, de superación, de ayuda y solidaridad.  Jesús solía cuestionar a sus discípulos constantemente, los animaba a plantearse las cosas siempre desde una perspectiva nueva. “¿Quién dice la gente que soy yo?” (Mt 16,15), “¿Creéis que puedo hacer esto?” (Mt 9,28), “¿Cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?” (Jn 3,12). Uno de los estilos pedagógicos de Jesús son las preguntas.  Podemos mirar una pérdida, una enfermedad, una separación con ojos que nos dejen anclados en la angustia -(¿por qué yo?, ¿por qué me pasó a mí?)- o que faciliten el crecimiento, el aprendizaje y el amor (¿qué me enseña esto?, ¿qué puedo dar de mí en esta circunstancia?, ¿qué elementos tengo a disposición para salir adelante?)-. La nueva mirada no quitará el dolor, hay que aceptarlo, pero sí cambia mi experiencia del dolor.  Las herramientas humanas que hemos recibido son sostenidas por la fe y la esperanza con la que abordamos la vida para generar nuevas creencias vitales.  Tenemos la capacidad para producir nuevas vivencias a partir de lo que nos sucede, y para ello es necesario ejercitar nuestra mente a saber contarnos lo mismo de una manera que nos impulse hacia delante, nos enraíce humildemente en nuestro límite y nos haga mirar con ojos nuevos.  Claudia Soberón Fuente: Colegiata de Nuestra Señora del Cielo: JULIO 2021 (colegiatansdc.blogspot.com)

Ver nevar, contemplar

Ayer nevó, sí y hoy también.¡Qué regalo poder observar como la Naturaleza se abre camino a pesar nuestro! Ayer, martes comí en un bello lugar, cercano a Barcelona, pero que te hace sentir de una forma especial todo lo hermoso más hermoso, quizás porque allí uno puede dedicarse a contemplar. Sí, es el lugar ideal para contemplar. Contemplar la realidad, esa que cuando estamos en ella nos invade de tal forma que no podemos sentirnos más que parte de ella, en ocasiones sin diferenciarnos.Contemplar nuestra vida, la que cada día llenamos, y nos llena.Contemplar-nos a nosotros mismos, con lo que somos y con lo que deseamos.Contemplar… contemplar… Pero de forma especial contemplar la belleza, la externa también, pero de forma muy singular aquella que en el día a día no nos dedicamos a contemplar, sea interna o externa. Sí, ayer, lejos de pensar en lo difícil que resultaría el temporal a mi regreso a Barcelona, o si hoy podría desenvolverme con soltura si seguía nevando…. me dediqué a contemplar cómo la nieve iba cayendo sobre la fuente, el claustro, los árboles… Cómo la naturaleza nos recuerda que cada cosa tiene su ritmo y, que si sabemos respetarlo y observarlo, todo resulta más sencillo. Contemplar la realidad que se nos regala, sea la que sea, sin pretender que sea otra, disfrutar de cada instante y no estar pendiente del siguiente y después del siguiente… y así la vida se nos escapa. Contemplar, gran verbo que practicamos poco y pocas veces. Contemplar para poder agradecer. Esther BorregoFuente: https://hoja.claraesperanza.net/2018/04/ver-nevar-contemplar/

El arte de preguntar en los procesos de mediación

La técnica o intervención más usada por los mediadores en los procesos de mediación es la pregunta. Una de las razones fundamentales para su utilización es que genera protagonismo. Los mediadores no podemos dar consejos ni realizar propuestas (como lo hacen los conciliadores), y sólo en casos muy especiales podemos formular alguna sugerencia. Por ello el modo afirmativo es poco utilizado por los buenos mediadores. Nuestra tarea específica consiste en ayudar a los participantes de la mediación a reflexionar, ya sea sobre: el problema, los objetivos futuros que quieren alcanzar, la relación que tienen y la que desean tener con la otra parte, así como sobre los llamados «intereses propios» y los de la otra parte, a efectos que puedan tomar decisiones que les permitan salir de la situación conflictiva. Para poder realizar esta tarea es preciso que previamente «comprendamos» el punto de vista de los participantes. Dado que nuestra función no es juzgar, en la mediación no buscamos la verdad de los hechos o acontecimientos. Por esto la forma de preguntar en mediación es diferente de la que se utiliza en otras profesiones. Los mediadores no indagamos, repito, preguntamos para comprender y generar reflexiones. El arte de preguntar se basa en la posibilidad de escuchar y observar. El mediador debe estar sumamente atento a lo que dicen y cómo lo dicen, es decir a los componentes digitales —las palabras— y los componentes analógicos —comúnmente denominados no verbales— de la comunicación. Además es necesario también tener en cuenta el momento del proceso, ya que la misma pregunta puede resultar muy operativa al comienzo de la mediación y ser contraproducente si se realiza en la etapa final de la misma. Al comienzo de la mediación, los mediadores tenemos la intención de explorar la perspectiva de cada una de las partes. No deseamos producir modificaciones sino solamente comprender. Para ello utilizamos preguntas cerradas (que deben ser contestadas por sí o por no), abiertas (que tienen infinitas respuestas) y aclaratorias. Desde mi perspectiva es sumamente importante que el mediador «comprenda» la narrativa de cada uno de los participantes. Entiendo por comprender, no sólo entender con la razón lo que le están contando, sino también con el corazón. Esto ha dado lugar a las preguntas aclaratorias, que tienen como objetivo no dar por supuesto nada sino incentivar a las personas para que se expliquen con la mayor claridad posible. Para ello es preciso que nos centremos en las «palabras clave»: las negaciones, generalizaciones, ausencia de sujeto de la enunciación, ambigüedades, etcétera, y también en los cambios de la comunicación no verbal y en los dobles mensajes. Las aclaraciones que nos dan los mediados como respuesta a estas preguntas no sólo son válidas para que los comprendamos, sino que además, y quizá esto sea lo más importante, permite que la otra parte logre la comprensión del punto de vista de quien está hablando. Cuando este objetivo ha sido alcanzado, los mediadores realizamos nuevas preguntas pero nuestra intención en este momento es producir transformaciones a partir de las reflexiones que las preguntas generan. Con este objetivo utilizamos preguntas circulares, hipotéticas y reflexivas. Las preguntas circulares, fundamentalmente las llamadas «preguntas circulares de personajes» son sumamente útiles. Si bien ellas provienen del modelo narrativo, han resultado muy operativas también para el modelo tradicional de Harvard, cuando los mediadores que siguen este modelo necesitan que una de las partes reflexione sobre los intereses, opciones, criterios objetivos y M.A.A.N. (Mejor Alternativa al Acuerdo Negociado) de la otra parte. Si bien el formato típico de estas preguntas es «¿Qué piensa Ud., qué piensa él?», pueden realizarse diversas combinaciones no sólo con el «pensar» sino también con el hacer, sentir y decir, por ejemplo «¿Qué cree que haría él si Ud. le dice que no acepta esta propuesta?» La respuesta a esta pregunta lleva a que la parte piense en cuál es el M.A.A.N. del otro, sin necesidad de que conozca qué es lo que conceptualizamos con este concepto. El gran valor de este tipo de preguntas es que a quien se les realizan no puede contestarla en automático desde sí mismo, sino que es preciso que se ponga en los «zapatos del otro», y desde ese lugar las responda. No obstante la gran utilidad de las mismas, también presentan algunas dificultades, no sólo en su construcción, sino fundamentalmente para quien debe responderla, ya que exigen un alto grado de abstracción y un descentramiento de uno mismo para poder contestarla. O sea, las personas con un bajo nivel abstracción y aquéllas muy narcisistas, tienen dificultades a la hora de elaborar la respuesta. Las preguntas hipotéticas se utilizan fundamentalmente en el momento en el cual se están explorando las alternativas y opciones generadas en el proceso. Su utilidad radica en generar escenarios futuros posibles en los cuales el cumplimiento de lo propuesto puede generar dificultades y hacer que el acuerdo no sea sustentable. Son muy utilizadas cuando los mediadores actúan como «abogado del diablo» o «agentes de la realidad». Y por último, las preguntas reflexivas, son aquellas que los mediadores realizamos con el objetivo de producir reflexiones y las partes reflexionan. Esta clasificación es sólo a efectos didácticos ya que, si tenemos en cuenta que la pregunta-respuesta es la unidad comunicacional que he denominado pregunder (preguntar-responder), la pregunta es sólo una parte de esta unidad, la cual únicamente se completa con la respuesta del mediado. Esto lleva a que muchas veces en el hecho viviente de la mediación, uno realiza una pregunta aclaratoria, con el objetivo de explorar, y el participante con su respuesta la convierte en una transformadora, ya que le genera una reflexión sobre algún punto que él no había tenido en cuenta. Hay un principio básico que debemos respetar en nuestra calidad de mediadores: Siempre es necesario esperar la respuesta. Porque solamente a partir de ella podremos formular la siguiente pregunta. De este principio básico se desprende un corolario, también fundamental: sólo debemos realizar una pregunta por vez, pues cuando realizamos dos o tres preguntas seguidas generalmente los participantes responden a la última pregunta y muchas veces los mediadores creemos que nos han contestado las anteriores. Si queremos preguntar como mediadores

Llámame

Hace unos días me llegó un mensaje de whatsapp, pensé que sería una felicitación tan común en estos días de año nuevo, pero al leerlo me sorprendió tristemente la noticia de la muerte de la pareja, compañera de vida de una persona muy querida. Quedamos enseguida para poder compartir lo que había sucedido y cómo estaba ante tal dolor. Las conversaciones complejas lo son menos con las personas queridas y con las que ya se han podido compartir en otros momentos, salvando las distancias, sentimientos difíciles de explicar y de razonar. Así que pasamos un rato de sincero compartir desde lo que estábamos viviendo en estos días cada uno y, por supuesto, de cómo afrontar lo que se viene después de una pérdida como la de la persona elegida para caminar juntas. Agradecí ese reencuentro y con ello poder estar presente en ese momento. Al despedirnos mi amigo me dijo algo tan simple como “llámame”, mi respuesta fue “si necesitas algo ya sabes, llama” de repente, me dijo “ahora pido a mis amigos que me llamen”. Ante esta situación me di cuenta de lo importante que es saber pedir ayuda cuando una sabe que la va a necesitar, y de lo esencial de aquello que decía Vicente de Paul de que nadie sale de una situación vulnerable si no sabe que hay alguien esperándole, si no le importamos a nadie para qué esforzarnos, … ¡qué importante sabernos queridas, esperadas! Y a la vez pensé en la generosidad que supone estar atentas a lo que sucede a nuestro alrededor, no esperar que la persona nos pida lo que necesita sino estar con esa mirada atenta que permite captar el sentir de la otra persona e intentar estar dispuesta para ofrecer lo mejor de una misma en esa situación. En general al pensar en solidaridad nos vienen a la mente actitudes relacionadas con ofrecer lo material, con dar más que pensar en darse, en estar, en acompañar, … el otro día pude darme cuenta de lo importante que es dar tiempo, dedicación, compañía, … en darse una misma más que en dar nada, al menos en algunas ocasiones tan especiales como la del duelo. Nos despedimos con la tranquilidad de haber compartido lo más esencial tiempo y el ser de cada uno en ese momento. Esther BORREGO LINARESTrabajadora social Fuente: https://www.revistare.com/2023/01/llamame/

Interculturalidad no es comodidad

Lo irreversible del proceso de interculturalidad que vivimos se hace naturalidad en la vida de los jóvenes Afortunadamente la lengua está viva y seguimos creando conceptos a la par con nuestros cambios. Unas veces conviven palabras antiguas y conceptos nuevos con bastante soltura; otras, los sonidos resultan extraños y obsoletos. Por ejemplo, éste parece ser el caso de la indulgencia, concepto vigente al que conviene apelar a pesar de la reticencia que produce el sonido de la palabra. Y como ésta, muchas palabras más. En cambio, un concepto bastante nuevo, como es el de interculturalidad, combina bien con un sonido familiar a nuestros oídos, la palabra cultura. La interculturalidad es algo nuevo y que se renueva constantemente, porque se trata de la convivencia activa, de construir algo con lo que yo tengo y lo que tú tienes. Hoy, cuando las fronteras tienden a desaparecer y en vez de devaluarse la moneda nacional lo hace el petróleo, la interculturalidad es lo más normal del mundo. Por ejemplo, Occidente convive con el mundo árabe-musulmán; y los pueblos andinos, por su parte, habitan las costas hablando en una mezcla que conjuga los idiomas de las costas con los de la región andina, al tiempo que degustan sus propios platos junto con la «comida chatarra». La interculturalidad no tiene nada de comodidad, y no por ello es mala o fea (conceptos que están en cuarentena porque ya nada es tan absoluto). Convivir codo a codo con culturas, costumbres, convicciones muy diversas obliga a tomar partido. La tolerancia —concepto que hace menos de una década estuvo sobre el tapete—, hoy no sirve. Recordemos que tolerancia es sinónimo de soportar, ni siquiera es respetar; solamente soportar la existencia de algo que no me gusta. La tolerancia hoy por hoy es breve y transitoria, porque por obligación hay que tomar partido: o me inculturizo (me adapto y comparto cosas) o vivo contra el mundo que me resulta adverso, porque no me adapto a él (pero eso, por el momento, es una enfermedad, o varias). Antes —no hace mucho tiempo— los niños casi no contaban en las decisiones de los adultos; ellos tenían que aprender a adaptarse (a veces sobrevivir) a las decisiones —o a las no-decisiones— de los adultos; decisiones que configuraban el entorno en el que vivían. Sin embargo, hoy, los jóvenes toman parte en las decisiones y nos dan grandes lecciones. Su capacidad de aprendizaje y su poco aferramiento a las costumbres hacen que se den pasos en la convivencia intercultural que nos empujan a tener que sonreír al vecino: ¿cómo no hacerlo, si mi hijo se da besos con su hija? Pero el camino es largo: la dosis de profundidad para entender un beso requiere de muchos pasos previos, de respeto, de lectura, de observación y de silencio. Por eso, la inculturalidad —que también es un negocio, que responde a injusticias que obligan a las personas a irse de sus lugares de origen—, es, por sobre todas las cosas, un ejercicio de la libertad. Somos tan libres que podemos desarrollar nuestra propia vida con todo lo que el otro me muestra de la suya y eso, además, es profundamente bello. Elisabet JUANOLA Fuente: https://www.revistare.com/2018/12/interculturalidad-no-es-comodidad/

La libertad… la cuidadanía

No sé si conocen el típico argumento sobre el crecimiento económico: tenemos que lograr que crezca el pastel, para que le toque a cada uno un trozo más grande… Hace poco leí una frase reveladora de corrientes actuales: “No queremos un trozo más grande del pastel, sino otra tarta” (Torres Pérez, Pepa (2020) Teología en las periferias. Madrid:  San Pablo. p. 226). La CuidadaníaLa mujer que escribe esta frase es Pepa Torres Pérez, que propone un nuevo modelo de sociedad: la Cuidadanía (Torres Pérez, Pepa (2020) Teología en las periferias. Madrid:  San Pablo. p. 111). Se trata de un estilo de vida basado en la sostenibilidad y el cuidado, en lugar del híper crecimiento. Un modelo que no niega nuestra vulnerabilidad y visibiliza los procesos que hacen posible la vida. FundamentosPienso que sería interesante trabajar sobre los posibles fundamentos de este modelo. Para mí hay dos que son muy claros y que se deberían aplicar de inmediato:– el cuido de la vida es responsabilidad de todos– el cuido de la vida no puede ser mercantilizado  Dos ejemplos– Cuánto trabajo de mujeres es invisibilizado y devaluado, sobre todo en lo que concierne a las tareas domésticas. En las casas, mujeres siguen oyendo la frase “¿en qué te ayudo?”; como si lo “normal” es que ellas se ocupen y responsabilicen de todo, y solo si hay suerte, alguien propone ayuda… ¡El cuidado de la casa, de las personas y el planeta es responsabilidad de todos! – Hay mucho dinero público que se ha destinado a la investigación de las vacunas contra el COVID-19 y ahora los grandes consorcios farmacéuticos obtienen patentes para sus vacunas y ejercen un poder enorme en su distribución. La OMS ha pedido eliminar los derechos de propiedad intelectual de las vacunas contra el coronavirus y compartir sus patentes y tecnología, de forma que los países puedan producir sus propias dosis e incrementar la producción (https://www.servimedia.es/noticias/1521322)Pero resulta que los países ricos se oponen. Desde punto de vista epidemiológico es incomprensible; solo se entiende desde el punto de vista económico. ¡Hay que acabar con la mercantilización del cuido de la vida! La libertad de cambiarHabrá que trabajar mucho para desarrollar el modelo de Cuidadanía. En este momento ni si quiera el nombre es un término reconocido: si lo tecleas en Google, en seguida te lo corrige y te propone “ciudadanía”. Pero esta misma libertad de inventar palabras para elaborar nuevos modelos de sociedad, nos tiene que estimular a sentirnos libres de reclamar cambios profundos y novedosos: ¡es nuestro derecho de ciudadanía! Pauline LODDERFuente: https://www.revistare.com/2021/03/la-libertad-de-inventar-nuevos-modelos-sociales-la-cuidadania/

Por qué necesitamos nuestra intuición

Nuestro conocimiento actual afirma que es posible saber algo sin siquiera «pensar» en ello Todos hemos tenido esa sensación, un instante de saber que algo no está bien. Ya sea en un negocio o cuando un amigo no ha llamado en un tiempo, en algún lugar profundo dentro de nosotros tenemos un conocimiento, y no podemos explicar por qué. Eso es intuición, y ha estado con nosotros, enterrada profundamente en el sistema límbico durante mucho, mucho tiempo. Entonces, ¿qué es la intuición y de dónde viene? La intuición es “una habilidad o poder natural que hace posible conocer algo sin ninguna prueba o evidencia: un sentimiento que guía a una persona a actuar de cierta manera sin comprender completamente por qué”, según el diccionario Britannica. Todos lo hemos experimentado, ese momento de inclinación, cuando algo que no tenemos razón para saber nos parece bastante plausible o incluso seguro. Algunas personas lo han descrito como el resultado de un conocimiento y experiencia previos que culminan en una comprensión instantánea, pero puede haber más que eso. La ciencia de la intuición Los psicólogos a veces dividen nuestro pensamiento en dos categorías. El primero es el pensamiento intuitivo, que algunos científicos creen que está controlado por el lado derecho del cerebro. Este pensamiento es rápido, instintivo y ocurre por debajo del nivel de nuestra conciencia consciente. Proviene de una parte más profunda del cerebro, llamada sistema límbico. Esta parte del cerebro es responsable de cómo respondemos a las amenazas (nuestra respuesta de lucha o huida) y los comportamientos necesarios para la supervivencia, como alimentarnos, reproducirnos y cuidar a la descendencia. El segundo tipo de pensamiento es el razonamiento analítico, que está controlado en gran medida por el lado izquierdo del cerebro. Este pensamiento es lento, deliberado, lógico y consciente. El razonamiento analítico ocurre en la parte externa del cerebro, el neocórtex, que constituye aproximadamente la mitad del volumen total del cerebro. Es responsable de la atención, el pensamiento, la percepción y la memoria episódica (el recuerdo único de una persona de experiencias, eventos y situaciones). Pero hay otro “cerebro” completamente distinto. Los científicos han descubierto que más de cien millones de neuronas —que son las células que se encuentran en el cerebro— existen en el tracto digestivo humano. Los investigadores médicos lo llaman sistema nervioso entérico, o SNE. “El ENS ha sido referido como el ‘segundo cerebro’, basado en su tamaño, complejidad y similitud, en neurotransmisores y moléculas de señalización, con el cerebro”, señala el distinguido profesor de investigación Emeran Mayer, en un artículo en la revista Nature Reviews: Neuroscience. Aún más interesante es que los científicos han descubierto que este “segundo cerebro” en nuestros intestinos puede actuar independientemente del cerebro, lo que significa que puede tomar decisiones sobre nuestros cuerpos sin discutirlas primero con el cerebro. Esto puede explicar por qué la intuición a menudo se conoce como un “sentimiento visceral”, ya que parece que nuestro “intestino” tiene una capacidad de pensamiento/sentimiento propios. Entonces, ¿cómo puede nuestra intuición servirnos de una manera confiable? Parece que alguien puede haber encontrado una respuesta. Intuición en la curación En su libro “Remisión radical: Sobreviviendo al cáncer contra todo pronóstico”, la investigadora y psicoterapeuta Kelly Turner documenta sus hallazgos de más de mil casos de personas que se recuperaron después de un diagnóstico de cáncer grave y, a menudo, terminal. Descubrió nueve factores clave que casi todos sus sujetos de investigación tenían en común: 1.Cambiaron radicalmente su dieta. 2.Tomaron el control de su salud. 3. Siguieron su intuición. 4. Uso de hierbas y suplementos. 5. Liberar emociones reprimidas. 6. Aumentar las emociones positivas. 7. Abrazar el apoyo social. 8. Profundizar la conexión espiritual. 9. Tener razones fuertes para vivir. Un capítulo entero del libro de Turner está dedicado a la intuición y da múltiples ejemplos de ella en acción. Una mujer que, en sus propias palabras, había vivido una vida física saludable, hacía ejercicio regularmente y siempre había comido orgánico fue diagnosticada con cáncer de ovario. Aceptó una histerectomía (el útero y los ovarios fueron extirpados quirúrgicamente), pero su intuición le dijo fuertemente que no hiciera la quimioterapia recomendada. Exploró otras opciones y, en su búsqueda, encontró un libro escrito por un sobreviviente de cáncer. El libro aconsejaba sentarse con su cáncer y preguntarle por qué había llegado. Ella dijo: “La respuesta me gritó: ‘¡No tienes alegría en tu vida!’”. Para esta mujer, la curación no se trataba tanto del cuerpo físico sino de su salud emocional, que había sido muy descuidada. Su recuperación incluyó agregar más alegría a su vida y profundizar su conexión con el espíritu. El libro afirma que seis meses después de su diagnóstico, sus marcadores tumorales volvieron a estar dentro del rango normal y permanece libre de cáncer. Otra mujer, a punto de cumplir 65 años, acababa de recibir los resultados de la biopsia que mostraban que tenía cáncer de mama. Debido a que su tumor era demasiado grande para una tumorectomía (extirpando solo el tumor y no toda la mama), su médico le recomendó una mastectomía completa (extirpación de toda la mama), seguida de radioterapia y la píldora reductora de estrógeno tamoxifeno. Su intuición le dijo que probara primero tratamientos alternativos, por lo que cortésmente rechazó la cirugía y todas las demás terapias convencionales. Cuatro días después de su diagnóstico, tuvo dos sueños, que interpretó como diciéndole que tenía todo lo que necesitaba en su cuerpo para curar su cáncer. Después de seguir un plan de curación que incluía tratamientos nutricionales, herbales, emocionales, espirituales y energéticos, así como ejercicio físico, su médico la declaró libre de cáncer 16 meses después de su diagnóstico. Ella permanece libre de cáncer hasta el día de hoy. En su libro, Turner descubrió que las personas accedían a su intuición de diferentes maneras. Para algunos, su intuición les llegó de una voz interior “de conocimiento profundo”, un sentimiento físico en sus cuerpos, o mensajes o simbolismo en los sueños. Para otros, la intuición viene en meditaciones, diarios o coincidencias fortuitas, como “toparse con un amigo que les dijo exactamente la información que necesitaban escuchar

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