Pan y paz

Recientemente leí que se escogió la fecha del 8 de marzo, para la celebración del Día Internacional de la Mujer, por una razón precisa. Fue ese día, que las mujeres rusas, en 1917, se declararon en huelga, en protesta por la muerte de dos millones de soldados rusos en la guerra. Entre ellos, sin duda, estaban sus maridos e hijos. Lo que más me impactó fue su eslogan en la manifestación: pedían “pan y paz”. Las mujeres de hoy tenemos numerosas reivindicaciones legítimas, a causa de las desigualdades que aún persisten en el mundo. Al mismo tiempo, observando la creciente proliferación de guerras y conflictos armados, me parece fundamental retomar esta antigua demanda de “pan y paz”. Este pensamiento me ha recordado a la celebración de la Pascua. Según los Evangelios, Jesús Resucitado saludaba a sus discípulos con las palabras “la paz esté con vosotros”, y ellos lo reconocían a través del gesto de “compartir el pan”. Por esta razón, en cada eucaristía se invita a un gesto de paz y se comparte el pan. La Pascua simboliza el acto de PASAR, es decir, el tránsito de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Hoy podríamos vivir una nueva pascua: de “hambre y guerra” a “pan y paz”. Dejar atrás la esclavitud de las injusticias, la violencia y las armas. Fue María Magdalena, una mujer, quien anunció por primera vez la resurrección de Jesús. Ojalá que en todas las manifestaciones programadas este año por el Día Internacional de la Mujer se escuche este grito, que expresa nuestro deseo más profundo: ¡PAN Y PAZ! Pauline Lodder, Pineda de Mar

Mirar el mundo por más de una ventana

Con este fragmento, recordamos la sabiduría de Jane Goodall recogida en su obra autobiográfica Gracias a la vida (Mondadori, 2002). Mirar el mundo por más de una ventana “Me preguntan a qué se debe esta apariencia sosegada, esta serenidad. Quieren saber si medito. No de una manera formal, les digo, pero sí que intento mantenerme conectada por un hilo de poder espiritual. […] Son mis largos días, meses y años en los bosques tropicales de Gombe los que me ayudan a mantener la serenidad en medio del caos, porque la paz la llevo en mi interior.” “La existencia en la selva me absorbió por completo. Fue un periodo muy especial, en el que estar sola se convirtió en una forma de vida, en una oportunidad perfecta para meditar sobre el significado de la existencia y de mi lugar en ella. Pero estaba demasiado ocupada aprendiendo cosas sobre la vida de los chimpancés como para preocuparme por el sentido de la mía. Había ido a Gombe a desarrollar una tarea concreta y no a alimentar mi interés por la filosofía y la religión; no obstante, es cierto que aquellos meses en Gombe contribuyeron a modelar la persona que soy hoy. Y habría demostrado muy poca sensibilidad si el milagro y la infinita fascinación de aquel nuevo mundo no hubieran ejercido una profunda influencia en mi manera de pensar. Cada día me acercaba un poco más a los animales y a la naturaleza y, por lo tanto, también a mí misma, y me sentía más en armonía con el poder espiritual que respiraba a mi alrededor. Quien ha experimentado el placer de estar a solas con la naturaleza no necesita más explicaciones, y a quien no lo haya experimentado nunca solo puedo decirle que no hay palabra capaz de describir el maravilloso contacto con la belleza y la eternidad que nos embarga de forma repentina y totalmente inesperada. La belleza siempre está ahí, presente, pero los momentos de auténtica conciencia de ella eran infrecuentes. Llegaban sin avisar, quizás mientras contemplaba los primeros relámpagos que preceden al alba, o cuando miraba a través de las hojas de un árbol gigante, hacia los verdes y los castaños, las sombras negras, y el punto de cielo azul infinitamente seductor y brillante; o cuando al anochecer apoyaba la mano sobre el tronco todavía caliente de un árbol y contemplaba el reflejo de la luna nueva sobre las aguas siempre inquietas y susurrantes del lago Tanganica. Cuanto más tiempo pasaba a solas, más me confundía con el mundo mágico y frondoso que ahora era mi hogar. Los objetos inanimados llegaron a tener su propia identidad y, como Francisco de Asís, mi santo predilecto, les ponía nombres y les saludaba como si fueran buenos amigos. “Buenos días, Cima”, le decía cada mañana cuando llegaba allá arriba; “Hola, Riachuelo” le decía cuando iba a buscar agua; “Oh, Viento, por Dios cálmate”, cuando aullaba en aquellas alturas, frustrando mis posibilidades de localizar a los chimpancés. Y desarrollé en particular una profunda conciencia del existir de los árboles. Palpar la corteza áspera y todavía caliente de uno de aquellos viejos gigantes, o la piel fresca y suave de un árbol joven y orgulloso, hacía que, de una manera intuitiva y extraña, sintiera circular la savia desde las invisibles raíces hasta las últimas ramas, allá en la copa. […] Y cada día aprendía más cosas sobre los chimpancés […] Las horas que pasaba en la selva siguiendo, observando o simplemente estando con los chimpancés no solo me proporcionaban datos científicos, sino que me llenaban de una profunda paz. Los árboles inmensos, retorcidos y viejos, los pequeños arroyos abriéndose paso a través de las rocas para llegar al lago, los insectos, los pájaros, los propios chimpancés. De aquellos días recuerdo uno en particular, y lo hago con un sentimiento casi reverencial. Estaba tumbada boca arriba, entre las hojas y ramas del suelo tropical. Notaba las piedras incrustadas contra mi cuerpo y me moví unos milímetros hasta quedar cómodamente encajada entre ellas. Allá arriba, a cierta altura, estaba David Barbagrís comiendo higos. De vez en cuando veía un brazo negro que se estiraba para arrancar un fruto, un pie que se balanceaba, una oscura sombra que se desplazaba ágilmente entre las ramas. Recuerdo la extraña sensación de armonía de colores en el bosque, entre las tonalidades amarillas y verdes que se oscurecían hasta convertirse en marrón y púrpura, las lianas enroscadas en los árboles y adheridas a las ramas, fundiéndose unas con otras. Al mediodía, el aire tropical se llenó de la música estridente de las cigarras, de sus ondas intermitentes de canto y silencio, como miembros vocingleros de un coro entonando una ronda infinita de canciones sin palabras. […] Aquel día sentí que el antiguo misterio me volvía a cautivar, que volvía aquel silencio interior. Estaba allí tumbada, como un fragmento más de la naturaleza experimentando de nuevo aquella mágica intensificación del sonido, aquella riqueza de percepción aumentada. Tenía clara conciencia de movimientos secretos en los árboles. Una pequeña ardilla, con el pelaje a rayas, subía por un tronco haciendo sus típicas espirales, metiendo la nariz en los agujeros de la corteza, con ojos brillantes y orejas redondas, alerta. […] Es casi imposible describir la renovada conciencia que se tiene cuando se abandonan las palabras. Las palabras pueden intensificar la experiencia, pero también pueden empobrecerla. Contemplamos un insecto y ya estamos abstrayendo determinadas características y clasificando: una mosca, decimos. Y en ese mismo momento cognitivo, parte del milagro ha desaparecido. Una vez hemos etiquetado las cosas que nos rodean, dejamos de observarlas con tanta atención. Las palabras son parte de nuestro yo racional y olvidarnos de ellas un rato equivale a dejar que nuestro yo intuitivo vuele con total libertad. […] Mi creciente comprensión de David y de sus amigos incrementó el profundo respeto que siempre había sentido hacia formas de vida diferentes a las mías, y me permitió valorar desde una nueva perspectiva el lugar de los chimpancés y también el

VIVIR EL PRESENTE EN LO COTIDIANO

Amanece y los primeros rayos de sol se asoman por la Cordillera de los Andes en el altiplano chileno. Es el naciente, denominación que se da en estas latitudes cuando el sol aparece por el Este. Para los antiguos atacameños “mirar el sol” era calcular el tiempo durante el día. En estas primeras horas de la mañana, el termómetro marca varios grados bajo cero. Es lo habitual en este desierto de altura, como es el Desierto de Atacama, donde la oscilación térmica entre el día y la noche es considerable. Sin embargo, a medida que el astro rey asciende, el ambiente se va entibiando. Salgo a caminar por los senderos que surcan este árido paisaje. El aire es fresco pero no helado. Se agradece su caricia mientras contemplo los volcanes que, majestuosos, se alzan en el horizonte. Son los “mallku” o “apus”,  cerros tutelares que cuidan y protegen a los habitantes de los valles regados por las aguas que provienen de sus nevadas cumbres. Procuro no pensar. Solo contemplar. Pero inevitablemente, mil pensamientos bombardean mi mente. Los dejo estar y vuelvo a la percepción. Sentir la caricia del sol, oír el silbido del viento, mirar y contemplar la cordillera y este cielo de azul intenso, escuchar mis pasos… A medida que me acerco a los campos de cultivo del  pequeño oasis, huelo la tierra recién abonada y regada. De vez en cuando, respiro hondo.  De nuevo, pensamientos vienen y van, van y vienen…   Después de un buen trecho de solitaria caminata, me encuentro con Irene. Está pastoreando sus ovejas. Es boliviana. Habla quechua. Mientras pastorea y camina, hila con la puchka (huso, en lengua quechua). Ella misma esquila la lana de sus ovejas, la escarmena, la hila, la lava y con ella teje hermosos chales y otras prendas de abrigo. No ha tenido una vida fácil. Sin embargo, dice, es feliz. Vive con su esposo, cuatro hijos y dos nietas. Siendo niña tuvo que empezar a pastorear las llamas de sus padres. Largas jornadas de soledad en la inmensidad de la puna altiplánica boliviana. Fue poco a la escuela, pero tiene esa sabiduría que da la vida a quienes saben extraer lecciones de ella. Afirma que con lo que tienen pueden vivir tranquilos y no necesitan más. Sigo mi camino. Me viene a la mente esa concepción cíclica del tiempo que tienen algunos de los pueblos originarios chilenos: aymaras, lickan-antai (atacameños), mapuches. Representan simbólicamente el tiempo como un círculo o rueda que gira en movimiento continuo en dirección contraria a las manecillas del reloj, siguiendo los movimientos del sol y otros astros. Sorprende, por ejemplo, que para los aymaras, el pasado está adelante y el futuro atrás. Una cosmovisión totalmente distinta a la occidental que concibe el tiempo como una flecha disparada hacia delante. Me hace pensar en algo ya dicho por el Dr. Alfredo Rubio acerca de que estamos demasiado influenciados por una filosofía griega, clásica, escolástica en que todo es orden, lógica, claridad. Cuando de hecho, la realidad es compleja, difusa, misteriosa, muchas veces, inabarcable.  Respecto al pasado, presente y futuro, Rubio señalaba: “Otra cosa fruto de nuestra mentalidad (pasado-presente-futuro) es que creemos que el pasado ya está definitivamente hecho. Y no. El pasado está aún haciéndose. Pues depende del presente, y aún del futuro, que el pasado sea de una manera o de otra… O sea que el pasado vive presente y en el presente. En cierto modo, como ya simultaneidad. Es artificial desglosarnos en pasado, presente y futuro, como desglosar en haces de colores la luz blanca con un prisma.”  Similar a la concepción del tiempo  que tiene el mundo andino donde no hay una distinción tajante entre pasado y futuro porque el “presente” los contiene a ambos. Vivir con profundidad y sentido el tiempo que tenemos es un aprendizaje. “No es fácil vivir con hondura lo cotidiano. Es un arte que se ha de aprender”, afirma Pagola. Vivir el día a día con paz y sosiego, sin dejarse arrastrar por el activismo, no necesariamente depende del lugar donde transcurre la cotidianidad. La actitud, el posicionamiento, los valores,  las prioridades que cada uno va tomando ante la realidad es lo que marca la diferencia. Habitar en una gran metrópoli no significa que no se pueda encontrar tiempo para cultivar la vida interior. Del mismo modo, que vivir en un medio rural o desértico no asegura que la persona logre ese saber habitar con uno mismo. El sol, aunque es invierno, ya calienta. Voy llegando a casa. Entro en mi habitación. Cierro la puerta. En la soledad y el silencio me aquieto. Saboreo unos instantes de eternidad. Lourdes Flavià Forcada, Chile

Los movimientos Populares y León XIV

Re-visitando la Doctrina Social de la Iglesia Sin pretensión de resumir, deseo con estas letras invitarles a leer el contundente mensaje del Papa León XIV a los movimientos populares durante el Quinto Encuentro internacional y la Peregrinación Jubilar, realizado recientemente en Roma, en el cual, además de reconocer el papel crucial de los movimientos populares en la búsqueda de la justicia y en la construcción de una sociedad más equitativa, manifestó su respaldo a “las luchas sociales por la tierra, el techo y el trabajo”, a los que llamó “derechos sagrados esenciales para la dignidad humana por los que vale la pena luchar”. El Pontífice criticó las injusticias, la desigualdad económica, la concentración de la riqueza y el poder, los efectos negativos de la crisis climática y el desarrollo tecnológico; destacó la necesidad de una nueva economía que priorice la dignidad humana y la justicia social, y que aborde las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad. Se refirió al trato inhumano a los migrantes y a la marginación de los mas pobres a quienes llamó: “campeones de la humanidad y testigos de la justicia”; alentó “su caminar juntos para seguir trabajando en la promoción de la solidaridad y la justicia social”, “Ustedes son los poetas de la solidaridad, son los que crean esperanza y unión en la diversidad”. «Los movimientos populares llenan el vacío creado por la falta de amor con el gran milagro de la solidaridad, fundada en el cuidado de los demás y en la reconciliación». Encontramos en el texto, referencias directas a las encíclicas de sus antecesores, a las cuales otorgó total vigencia. La Rerum novarum sobre la cuestión social y laboral, las Fratelli tutti y Sollicitudo rei sociales, centradas en la fraternidad y la solidaridad para resolver los problemas sociales y económicos y a la Laudato sí que aborda la protección de la creación y el cuidado del medio ambiente. Especial referencia hizo el Papa al documento Gaudium et spes del Concilio vaticano II sobre la relación de la iglesia con el mundo moderno: La Iglesia debe ser una institución que se acerca a los pobres y vulnerables, que apoye y acompañe a los movimientos populares y trabaje para promover su dignidad y bienestar. «Estoy con ustedes», «La Iglesia debe estar con ustedes: una Iglesia pobre para los pobres, una Iglesia que se arriesga, una Iglesia valiente, profética y alegre». Este compromiso expreso y manifiesto, nos convoca a mantenernos fieles al evangelio en el amor y a practicar la Doctrina Social de la Iglesia, acompañando  a los más vulnerables y desvalidos. León XIV es un pontífice inserto en el mundo y comprometido en la búsqueda de soluciones a las problemáticas que viven y padecen las comunidades eclesiales del pueblo de Dios, en todo el mundo, dispuesto a denunciar las injusticias y anunciar el evangelio; un pastor dialogante que construye puentes, promueve la comprensión mutua y une esfuerzos entre diferentes sectores de la sociedad para abordar los desafíos globales y alcanzar la justicia y la dignidad humana. Rocío Jiménez B. Colombia

Cántico de las criaturas, san Francisco de Asís

Hace unos 800 años, San Francisco de Asís, mientras vivía en San Damián y poco antes de su muerte (en 1226), escribió el Cántico de las criaturas. Esta obra es un himno que expresa amor, gratitud y unidad con toda forma de vida. Con el paso del tiempo, este himno ha trascendido fronteras y culturas, convirtiéndose en una inspiración para músicos, cantores y artistas de todo el mundo. Su mensaje, lleno de paz y ternura, nos recuerda la importancia de cuidar, respetar y amar la creación. En él, San Francisco nos invita a reconocer a Dios como el origen de toda vida y a asumir nuestra responsabilidad de protegerla y cultivarla con amor. A continuación, presentamos el Cántico de las criaturas, recitado en varios idiomas: italiano medieval, español, inglés, alemán y francés,  https://www.youtube.com/watch?v=rMt4rLoY9Mo   y en catalán, https://youtu.be/miF6rCuuFo0 El Cántico de las criaturas interpretado en diferentes lenguas:

Lenguas que se abrazan abriendo caminos

Emotivo discurso de ingreso a la Academia Colombiana de la Lengua, de Bárbara Muelas, primera mujer indígena en lograr este honor que lo celebra no sólo como un logro personal, sino como la apertura simbólica de un espacio para las voces ancestrales y silenciadas de los pueblos indígenas, especialmente el misak. Con profunda gratitud, repasa su vida marcada por el silencio impuesto a las mujeres, y cómo lo transformó en reflexión, escucha y palabra responsable. Destaca la riqueza del namtrik, lengua misak, cuya visión del tiempo, el espacio y el territorio contrasta con la cultura occidental al concebirlos como realidades vivas, relacionales y circulares. Acentúa la importancia de la educación intercultural y del diálogo lingüístico como caminos para preservar la diversidad cultural y propone una alianza entre la Academia y los pueblos indígenas para proyectos como, por ejemplo, el diccionario español-namtrik, símbolo de resistencia y de esperanza. Finaliza el discurso con un llamado a tejer una Colombia más justa desde un “territorio conversado”, donde todas las lenguas y culturas caminen juntas hacia un futuro compartido.

Simplicidad elegante, de Satish Kumar.

Lectura para el verano En pleno estío del hemisferio norte, muchos aprovechan las vacaciones para descansar, cambiar de rutina y, por qué no, leer. Entre las recomendaciones para esta temporada podría estar, Simplicidad elegante del pensador y activista indio Satish Kumar. Exmonje jainista, Kumar ingresó al convento a los nueve años por decisión propia. Sin embargo, a los 18, tras leer un libro de Mahatma Gandhi, abandonó la orden para seguir a Vinoba Bhave, uno de los principales discípulos de Gandhi y referente de la no violencia y la reforma agraria en la India. Su compromiso con la paz y el desarme nuclear lo llevó a recorrer a pie más de 12.000 kilómetros por distintos países, en una peregrinación que combinó espiritualidad, acción pública y activismo. Hoy vive en Inglaterra, donde continúa abordando temas sociales, ecológicos y espirituales desde una perspectiva holística. Es fundador del Schumacher College, un centro internacional de estudios ecológicos, y referente global en educación alternativa y sostenibilidad. En Simplicidad elegante, Kumar repasa su vida y sus ideas fundamentales. Escrito en su octava década de vida, el libro ofrece una mirada personal y filosófica sobre cómo la simplicidad puede ser una herramienta de transformación individual y colectiva. Para el autor, vivir con menos no es un acto de carencia, sino de claridad: dejar atrás el ego para reconectarse con el entorno, las relaciones y el sentido profundo de la existencia. El libro propone una «trinidad» para enfrentar las crisis actuales: tierra, alma y sociedad. Kumar llama a salir de la zona de confort para integrar estos tres ámbitos como base de una vida más justa, consciente y sostenible. Más que un manifiesto, Simplicidad elegante es una invitación a una revolución serena, a repensar el modo en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con el planeta. Una lectura inspiradora, ideal para quienes buscan renovar sus ideas durante este verano. Anna M. Ollé

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