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	<title>cambios archivos - Colegiata Cielo en la Tierra</title>
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	<title>cambios archivos - Colegiata Cielo en la Tierra</title>
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		<title>La prisa y el ruido: males de nuestro tiempo</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2026/02/la-prisa-y-el-ruido-males-de-nuestro-tiempo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Colegiata Cielo en la Tierra]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Feb 2026 11:32:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Salud, psicologia]]></category>
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					<description><![CDATA[Es fácil, en nuestra vida cotidiana —ajetreada y estresada—, mutilar procesos humanos como reacción al acelerarnos y dispersarnos. Luis González Fabra, periodista y consultor de la República Dominicana, expresa en este artículo -La prisa y el ruido: males de nuestro tiempo&#8211; que la velocidad no es progreso; más bien, lo es la calidad de la presencia con la que vivimos. Para ello, hace falta silencio por fuera y serenidad por dentro. Además, expone una serie de prácticas que pueden ayudarnos a centrarnos, respirar hondo y vivir con sentido. https://www.diariolibre.com/opinion/agora/2026/01/18/la-prisa-y-el-ruido-males-de-nuestro-tiempo/3407988]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-5870" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay-1024x682.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay-300x200.jpg 300w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay-768x512.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay-391x260.jpg 391w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2026/02/Prisa-y-ruido-Myriams-Fotos-en-Pixabay.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Franklin Bu, Pixabay</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es fácil, en nuestra vida cotidiana —ajetreada y estresada—, mutilar procesos humanos como reacción al acelerarnos y dispersarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luis González Fabra, periodista y consultor de la República Dominicana, expresa en este artículo <strong>-La prisa y el ruido: males de nuestro tiempo</strong><strong>&#8211; </strong>que la velocidad no es progreso; más bien, lo es la calidad de la presencia con la que vivimos. Para ello, hace falta silencio por fuera y serenidad por dentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, expone una serie de prácticas que pueden ayudarnos a centrarnos, respirar hondo y vivir con sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.diariolibre.com/opinion/agora/2026/01/18/la-prisa-y-el-ruido-males-de-nuestro-tiempo/3407988">https://www.diariolibre.com/opinion/agora/2026/01/18/la-prisa-y-el-ruido-males-de-nuestro-tiempo/3407988</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La esperanza, semilla del renacer interior</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2025/12/la-esperanza-semilla-del-renacer-interior/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sara Canca Repiso]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Dec 2025 15:48:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Realismo Existencial]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[cambios]]></category>
		<category><![CDATA[esperanza]]></category>
		<category><![CDATA[psicologia]]></category>
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					<description><![CDATA[Vivimos tiempos en los que hablar de esperanza puede sonar ingenuo. Sin embargo, cuando las certezas se desmoronan y el futuro parece incierto, es precisamente la esperanza —esa emoción tan silenciosa como poderosa— la que sostiene la posibilidad del cambio. Richard Boyatzis, con su modelo de aprendizaje autodirigido, nos recuerda que todo proceso de transformación personal comienza con un acto profundamente humano: creer que es posible llegar a ser alguien mejor, más pleno, más coherente con los propios valores, desde una base real. El yo ideal: el faro que guía en la niebla En esta primera fase, Boyatzis propone que el cambio parte del yo ideal, esa visión íntima de lo que deseamos ser. No se trata de una meta superficial, sino de una imagen cargada de sentido y emoción. En ella habitan nuestros sueños, nuestras aspiraciones más nobles y, sobre todo, la esperanza. Esa esperanza no es pasiva ni ingenua, sino que moviliza energía y perseverancia. Nos impulsa a actuar en dirección a nuestras metas y nos permite sostener el esfuerzo incluso cuando los resultados tardan en llegar. La esperanza, entendida así, no es un deseo vago, sino un combustible psicológico que fortalece la voluntad consciente. El yo real: el espejo que no siempre queremos mirar El cambio requiere también un encuentro honesto con el yo real. Mirarnos sin máscaras ni defensas puede resultar doloroso, pero solo al reconocer nuestras fortalezas y debilidades podemos trazar un camino auténtico hacia el crecimiento. En este punto, la esperanza vuelve a ser esencial: sin ella, el espejo del yo real solo reflejaría carencias; con ella, se convierte en un mapa de posibilidades. Boyatzis sugiere que el foco no debe ponerse únicamente en corregir errores, sino en fortalecer aquello que ya funciona bien. La esperanza, de nuevo, nos ayuda a mirar con amabilidad lo que somos, sin rendirnos ante lo que aún no hemos logrado. La agenda del cambio: cultivar la esperanza en acción El proceso de transformación personal requiere un plan, una hoja de ruta emocional y práctica. Pero más allá de los objetivos, Boyatzis resalta la necesidad de activar lo que llama el “atractor emocional positivo”: un conjunto de emociones —entre ellas la esperanza, el optimismo y la autoeficacia— que crean un estado fisiológico y mental propicio para el aprendizaje y la renovación. Cuando la esperanza domina sobre el miedo, el cerebro se abre, el cuerpo se calma y la creatividad florece. Es entonces cuando el cambio se vuelve sostenible, no forzado. La esperanza, en este sentido, no solo es una emoción; es una condición biológica para el crecimiento. Practicar, fallar, persistir Nada cambia de un día para otro, por eso en la cuarta fase de este modelo, se indica que la transformación requiere práctica, repetición y paciencia. Aprender nuevas formas de pensar, sentir o actuar es un proceso que se consolida poco a poco. Visualizar el yo ideal —ese futuro posible que deseamos alcanzar— nos ayuda a mantener el rumbo cuando la duda o el cansancio aparecen. Y aquí la esperanza vuelve a desplegar su magia: nos da permiso para fallar sin rendirnos, para empezar de nuevo sin perder la fe. El poder de las relaciones resonantes Nadie cambia solo. Las relaciones significativas, aquellas donde somos vistos y aceptados tal como somos, actúan como espejos y refugios. Nos sostienen cuando flaquea la voluntad y nos recuerdan quiénes queremos ser cuando la confusión nos desorienta. La esperanza también se contagia: crece cuando alguien confía en nosotros, cuando nos miran con esa mezcla de ternura y fe que dice “sé que puedes”. Esperar, pero también actuar La propuesta de Boyatzis no es un canto ingenuo al optimismo. Es un recordatorio profundo de que la esperanza es una fuerza activa, no un refugio pasivo. Es lo que transforma el deseo en compromiso, la visión en acción, la intención en cambio real. En un mundo que premia la inmediatez y el miedo al fracaso, mantener viva la esperanza es casi un acto de rebeldía. Significa elegir creer —una y otra vez— en la posibilidad de ser mejores, de sanar, de reinventarnos. Quizás la esperanza no cambie las circunstancias externas, pero sí transforma el modo en que nos relacionamos con ellas. Es el hilo invisible que une lo que somos con lo que soñamos ser; la emoción que da forma al coraje, la constancia y la fe en el propio camino. Porque al final, todo cambio verdadero comienza con un simple gesto interior: atreverse a esperar. Sara Canca RepisoPsicóloga del Centro Integral de Psicología&#160;Psiete Fuente: Hoja Ntra. Sra. de la Claraessperanza No. 227 &#8211; https://hoja.claraesperanza.net/2025/11/la-esperanza-el-hilo-invisible-del-cambio-interior/]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="557" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/Zapato-maceta-Virgi-Dianez-1024x557.jpg" alt="" class="wp-image-5766" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/Zapato-maceta-Virgi-Dianez-1024x557.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/Zapato-maceta-Virgi-Dianez-300x163.jpg 300w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/Zapato-maceta-Virgi-Dianez-768x418.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/Zapato-maceta-Virgi-Dianez.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Virgi Dianez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos tiempos en los que hablar de esperanza puede sonar ingenuo. Sin embargo, cuando las certezas se desmoronan y el futuro parece incierto, es precisamente la esperanza —esa emoción tan silenciosa como poderosa— la que sostiene la posibilidad del cambio. Richard Boyatzis, con su modelo de aprendizaje autodirigido, nos recuerda que todo proceso de transformación personal comienza con un acto profundamente humano: creer que es posible llegar a ser alguien mejor, más pleno, más coherente con los propios valores, desde una base real.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El yo ideal: el faro que guía en la niebla</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta primera fase, Boyatzis propone que el cambio parte del yo ideal, esa visión íntima de lo que deseamos ser. No se trata de una meta superficial, sino de una imagen cargada de sentido y emoción. En ella habitan nuestros sueños, nuestras aspiraciones más nobles y, sobre todo, la esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa esperanza no es pasiva ni ingenua, sino que moviliza energía y perseverancia. Nos impulsa a actuar en dirección a nuestras metas y nos permite sostener el esfuerzo incluso cuando los resultados tardan en llegar. La esperanza, entendida así, no es un deseo vago, sino un combustible psicológico que fortalece la voluntad consciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El yo real: el espejo que no siempre queremos mirar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio requiere también un encuentro honesto con el yo real. Mirarnos sin máscaras ni defensas puede resultar doloroso, pero solo al reconocer nuestras fortalezas y debilidades podemos trazar un camino auténtico hacia el crecimiento. En este punto, la esperanza vuelve a ser esencial: sin ella, el espejo del yo real solo reflejaría carencias; con ella, se convierte en un mapa de posibilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Boyatzis sugiere que el foco no debe ponerse únicamente en corregir errores, sino en fortalecer aquello que ya funciona bien. La esperanza, de nuevo, nos ayuda a mirar con amabilidad lo que somos, sin rendirnos ante lo que aún no hemos logrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La agenda del cambio: cultivar la esperanza en acción</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El proceso de transformación personal requiere un plan, una hoja de ruta emocional y práctica. Pero más allá de los objetivos, Boyatzis resalta la necesidad de activar lo que llama el “atractor emocional positivo”: un conjunto de emociones —entre ellas la esperanza, el optimismo y la autoeficacia— que crean un estado fisiológico y mental propicio para el aprendizaje y la renovación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la esperanza domina sobre el miedo, el cerebro se abre, el cuerpo se calma y la creatividad florece. Es entonces cuando el cambio se vuelve sostenible, no forzado. La esperanza, en este sentido, no solo es una emoción; es una condición biológica para el crecimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Practicar, fallar, persistir</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada cambia de un día para otro, por eso en la cuarta fase de este modelo, se indica que la transformación requiere práctica, repetición y paciencia. Aprender nuevas formas de pensar, sentir o actuar es un proceso que se consolida poco a poco. Visualizar el yo ideal —ese futuro posible que deseamos alcanzar— nos ayuda a mantener el rumbo cuando la duda o el cansancio aparecen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí la esperanza vuelve a desplegar su magia: nos da permiso para fallar sin rendirnos, para empezar de nuevo sin perder la fe.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder de las relaciones resonantes</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie cambia solo. Las relaciones significativas, aquellas donde somos vistos y aceptados tal como somos, actúan como espejos y refugios. Nos sostienen cuando flaquea la voluntad y nos recuerdan quiénes queremos ser cuando la confusión nos desorienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La esperanza también se contagia: crece cuando alguien confía en nosotros, cuando nos miran con esa mezcla de ternura y fe que dice “sé que puedes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Esperar, pero también actuar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La propuesta de Boyatzis no es un canto ingenuo al optimismo. Es un recordatorio profundo de que la esperanza es una fuerza activa, no un refugio pasivo. Es lo que transforma el deseo en compromiso, la visión en acción, la intención en cambio real.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo que premia la inmediatez y el miedo al fracaso, mantener viva la esperanza es casi un acto de rebeldía. Significa elegir creer —una y otra vez— en la posibilidad de ser mejores, de sanar, de reinventarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás la esperanza no cambie las circunstancias externas, pero sí transforma el modo en que nos relacionamos con ellas. Es el hilo invisible que une lo que somos con lo que soñamos ser; la emoción que da forma al coraje, la constancia y la fe en el propio camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, todo cambio verdadero comienza con un simple gesto interior: atreverse a esperar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sara Canca Repiso<br></strong>Psicóloga del Centro Integral de Psicología&nbsp;<strong><em>Psiete</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuente: Hoja Ntra. Sra. de la Claraessperanza No. 227 &#8211; https://hoja.claraesperanza.net/2025/11/la-esperanza-el-hilo-invisible-del-cambio-interior/</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Transformar desde dentro</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2025/09/transformar-desde-dentro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Colegiata Cielo en la Tierra]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Sep 2025 16:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[cambios]]></category>
		<category><![CDATA[interioridad]]></category>
		<category><![CDATA[mundo]]></category>
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					<description><![CDATA[]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="819" height="1024" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/09/FRASE-ECKHART-CORREGIDA-2-819x1024.png" alt="" class="wp-image-5547" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/09/FRASE-ECKHART-CORREGIDA-2-819x1024.png 819w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/09/FRASE-ECKHART-CORREGIDA-2-240x300.png 240w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/09/FRASE-ECKHART-CORREGIDA-2-768x960.png 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/09/FRASE-ECKHART-CORREGIDA-2.png 1080w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>
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			</item>
		<item>
		<title>Habitar el Vacío Fértil</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2025/07/habitar-el-vacio-fertil/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Colegiata Cielo en la Tierra]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 08:42:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad y silencio]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[cambios]]></category>
		<category><![CDATA[escucha]]></category>
		<category><![CDATA[humildad]]></category>
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					<description><![CDATA[Nuestra interioridad, ¡qué misterio! A unos les da miedo descubrirla, a otros les inquieta no encontrarla&#8230; Espacio, pozo, habitación, vacío, espíritu, esencia&#8230; estas y otras palabras son conceptos que desean expresar ese enigma que nos habita por dentro. No todo está afuera y es exterioridad, aunque así nos lo venden. Desde la humildad radical del ser hay que reconocer esta parte casi desconocida, para conocernos conscientes de lo que somos: seres humanos, limitados, únicos, irrepetibles, con capacidades y limitaciones. Todo es parte del mismo ser, sin embargo, para descubrirlo hay que permitir, vaciar y estar. &#160;&#160; Habitar el vacío fértil es un texto bello y profundo de Aleja Ruiz y trata de eso: soltar las máscaras del ego y del ruido exterior, para hacer cambios y transformarnos en ese misterioso ser y vacío que no se llena, sólo se habita. &#160;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Nuestra interioridad, ¡qué misterio! A unos les da miedo descubrirla, a otros les inquieta no encontrarla&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Espacio, pozo, habitación, vacío, espíritu, esencia&#8230; estas y otras palabras son conceptos que desean expresar ese enigma que nos habita por dentro. No todo está afuera y es exterioridad, aunque así nos lo venden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la humildad radical del ser hay que reconocer esta parte casi desconocida, para conocernos conscientes de lo que somos: seres humanos, limitados, únicos, irrepetibles, con capacidades y limitaciones. Todo es parte del mismo ser, sin embargo, para descubrirlo hay que permitir, vaciar y estar. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Habitar el vacío fért</em><em>il</em> es un texto bello y profundo de Aleja Ruiz y trata de eso: soltar las máscaras del ego y del ruido exterior, para hacer cambios y transformarnos en ese misterioso <em>ser y vacío</em> que no se llena, sólo se habita. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-jardinear-el-alma wp-block-embed-jardinear-el-alma"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="2NAGDdnVgT"><a href="https://jardinearelalma.com/2025/06/15/habitar-el-vacio-fertil/">Habitar el vacío&nbsp;fértil</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Habitar el vacío&nbsp;fértil» — Jardinear el Alma" src="https://jardinearelalma.com/2025/06/15/habitar-el-vacio-fertil/embed/#?secret=zwZNgrlNmI#?secret=2NAGDdnVgT" data-secret="2NAGDdnVgT" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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			</item>
		<item>
		<title>¿A QUÉ OLEMOS?, ESCOJO SER PERFUME</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2025/04/a-que-olemos-escojo-ser-perfume/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Colegiata Cielo en la Tierra]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Apr 2025 21:59:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[Teología]]></category>
		<category><![CDATA[alegria]]></category>
		<category><![CDATA[cambios]]></category>
		<category><![CDATA[experiencia]]></category>
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					<description><![CDATA[Transcribo un artículo que me pasó un amigo (escrito por un hermano Marista). Desconocemos el nombre propio del autor; sin embargo le agradecemos su sabiduría y tino. Desde la fe cristiana, se nos invita a una fe adulta, a un cambio de mirada, a recrear la propuesta que nos hace el Evangelio, ser buenos aromas de Cristo:  ‘Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta’ (cfr. Salmo 30). Cuaresma, cuarenta días de camino, un proceso de transformación hacia una humanidad nueva. Se nos ha invitado a cada uno -desde nuestra identidad más genuina- a sacar a la luz nuestra mejor versión, reflejo de la humanidad de Cristo. Y para este paso puedo preguntarme&#8230;&#160; ¿a qué huelo? ¿qué perfume irradio? El texto nos motiva a perfumarnos la cabeza, a ungirnos, renovarnos por dentro y por fuera con un amor sin medida, dejando atrás la muerte -mis muertes, sombras y oscuridades-, para encontrarme con Jesús Resucitado que me resucita. Este tiempo hacia la Pascua puede ser el ahora, tiempo propicio como comenta san Pablo (cfr. 2Co.,6) para dejarse llevar con fe, esperanza y caridad; y sorprender por Aquel que condujo a Israel por el desierto hacia la tierra prometida. ************************************ EN LA CUARESMA, ESCOJO SER «PERFUME» No parece demasiado cristiano el rito de la ceniza. Es más un rito judío o pagano. Nos recuerda a Jeremías con sus elegías y lamentaciones. Nos recuerda al rey de Nínive, forzando la misericordia de Dios con sus ayunos, harapos y cenizas. Podríamos admitir el uso de la ceniza hasta Juan Bautista, pero más allá, no. Cristo prefiere el ungüento y los perfumes. Lo llamamos el Ungido. Acepta para los pies el ungüento de la mujer pecadora y el perfume de María en los pies y en la cabeza. Ciertos ritos de ceniza son expresión pesimista de la conversión, apoyada con «Recuérdate, hombre…». ¿Es necesario que nos recuerden tan gráficamente la fugacidad de la vida? “Ungidos por el Espíritu” Tú, «cuando ayunes, perfúmate». Lo que es cristiano no es el miedo, sino la alegría. La visión cristiana de la vida es serena y esperanzada. Para un cristiano, el cuerpo es templo ungido por el Espíritu, no simple materia próxima a la descomposición. La misma ofrenda del Cuerpo de Cristo y de todo cristiano es «perfume de suave aroma» (Ef. 5,2). Todos estamos llamados a ser «el buen olor de Cristo» (2Cor. 2,15). El perfume es más cristiano, porque alegra y cautiva. También el cristiano debe irradiar alegría y encanto. Por eso, perfúmate. ¿No se podría pensar en un cambio de rito? Imaginaros que, siguiendo el consejo evangélico, el miércoles, inicio de cuaresma vertiéramos unas gotas de perfume a nuestras cabezas, pronunciando estas o semejantes palabras: «Recuerda, cristiano, que estás llamado a ser el buen olor de Cristo», o, «Recuerda cristiano que has sido ungido por Cristo». Y, en consecuencia, de acuerdo con los sentimientos y actitudes de Cristo, este miércoles inicio de Cuaresma ya no se llamará miércoles de ceniza, sino miércoles de los perfumes. Es la transformación que a nuestro rito penitencial realiza quien «cambia el duelo en danzas y el sayal en traje de fiesta». INTRODUCCIÓN “Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara” (Mateo 6,17). Estas palabras de Jesús, que la Liturgia nos ofrece el miércoles de ceniza, siempre me han gustado mucho, me han llegado al corazón. Son para mí como una invitación a empezar algo nuevo; cómo cuando me lavo y me perfumo al salir de casa, para emprender un día nuevo, para ir a una fiesta o encontrarme con alguien. “Perfúmate la cabeza” me recuerda, un año más, que empieza un tiempo nuevo, que debo salir de mis rutinas y dejarme conducir y sorprender por Aquel que condujo a Israel por el desierto, hacia la tierra prometida. Perfumate la cabeza” me suena en el orden de salida, la invitación a una aventura de cuarenta días que me renovará por dentro y por fuera, que me introducirá en la maravilla de su amor, un amor sin medida, con el que siempre he soñado; una aventura que, en sólo cuarenta días, me llevará a dejar atrás la muerte, mi muerte, ya encontrarme de cara con mi resurrección&#8230; y con Jesús, el Señor Resucitado. ORACIÓN: ¡QUÉ BUEN OLOR QUE HACES, DIOS MÍO, QUÉ BUEN OLOR! Por donde pasas, dejas el rastro de tus perfumes y todo huele a ti, todo huele a Dios. La Creación entera, llena de bondad y de belleza, huele a ti. Nos sentimos felices bajo tus estrellas, disfrutamos en tus bosques y arroyos, nos conmueve la luz de tus atardeceres y la inmensidad del mar. El hombre y la mujer que Tú creaste, tienen aroma a ti. El masculino y el femenino, el vigor y la ternura, las casas bien hechas, las cosas bien hechas nos acogen, nos seducen y nos huelen a ti. ¡Dios mío, qué buen olor!, y ¡cómo huele el mal que quiere estropearlo todo! Dios mío, ¡qué buen olor!, olor a Belén y Nazaret, olor a Cafarnaúm ya Betania, olor a hospitalidad: la creación es hospitalidad para todos. El hombre y la mujer son hospitalidad cuando evitan hacer mal olor por el egoísmo. La Iglesia es hospitalidad, hogar común de todas las naciones. Nuestro pasado, que Tú acoges siempre, huele a tu hospitalidad. Nuestro presente, que tú siempre acompañas, huele a tu acogida silenciosa y fiel. Nuestro futuro que tú nos preparas huele a hospitalidad, de la santa y bella mesa de la Trinidad a la que todos estamos invitados, a la que todos somos conducidos, donde todos somos esperados. El mayor pecado consiste en: no acoger al otro, despreciarlo, no servirle, no desplegar el ritual, el amor y el detalle de la hospitalidad. En esta Cuaresma Santa, Dios mío, concédenos correr hacia Ti, atraídos por tus perfumes&#8230; y concédenos el don y el perfume de la hospitalidad de Abraham, nuestro Padre en la fe, que acogió al mismo Dios acogiendo a tres caminantes. Te lo pedimos y nos]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/04/christmas-2984210_1280-X-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-4887" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/04/christmas-2984210_1280-X-1024x576.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/04/christmas-2984210_1280-X-300x169.jpg 300w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/04/christmas-2984210_1280-X-768x432.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/04/christmas-2984210_1280-X.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto de Pixabay</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Transcribo un artículo que me pasó un amigo (escrito por un hermano Marista). Desconocemos el nombre propio del autor; sin embargo le agradecemos su sabiduría y tino. Desde la fe cristiana, se nos invita a una fe adulta, a un cambio de mirada, a recrear la propuesta que nos hace el Evangelio, ser buenos aromas de Cristo:  ‘Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta’ (cfr. Salmo 30).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuaresma, cuarenta días de camino, un proceso de transformación hacia una humanidad nueva. Se nos ha invitado a cada uno -desde nuestra identidad más genuina- a sacar a la luz nuestra mejor versión, reflejo de la humanidad de Cristo. Y para este paso puedo preguntarme&#8230;&nbsp; ¿a qué huelo? ¿qué perfume irradio?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El texto nos motiva a perfumarnos la cabeza, a ungirnos, renovarnos por dentro y por fuera con un amor sin medida, dejando atrás la muerte -mis muertes, sombras y oscuridades-, para encontrarme con Jesús Resucitado que me resucita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este tiempo hacia la Pascua puede ser el ahora, tiempo propicio como comenta san Pablo (cfr. 2Co.,6) para dejarse llevar con fe, esperanza y caridad; y sorprender por Aquel que condujo a Israel por el desierto hacia la tierra prometida.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">************************************</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>EN LA CUARESMA, ESCOJO SER «PERFUME»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No parece demasiado cristiano el rito de la ceniza. Es más un rito judío o pagano. Nos recuerda a Jeremías con sus elegías y lamentaciones. Nos recuerda al rey de Nínive, forzando la misericordia de Dios con sus ayunos, harapos y cenizas. Podríamos admitir el uso de la ceniza hasta Juan Bautista, pero más allá, no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cristo prefiere el ungüento y los perfumes. Lo llamamos el Ungido. Acepta para los pies el ungüento de la mujer pecadora y el perfume de María en los pies y en la cabeza. Ciertos ritos de ceniza son expresión pesimista de la conversión, apoyada con «Recuérdate, hombre…». ¿Es necesario que nos recuerden tan gráficamente la fugacidad de la vida?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Ungidos por el Espíritu”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tú, «cuando ayunes, perfúmate». Lo que es cristiano no es el miedo, sino la alegría. La visión cristiana de la vida es serena y esperanzada. Para un cristiano, el cuerpo es templo ungido por el Espíritu, no simple materia próxima a la descomposición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma ofrenda del Cuerpo de Cristo y de todo cristiano es «perfume de suave aroma» (Ef. 5,2). Todos estamos llamados a ser «el buen olor de Cristo» (2Cor. 2,15). El perfume es más cristiano, porque alegra y cautiva. También el cristiano debe irradiar alegría y encanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, perfúmate. ¿No se podría pensar en un cambio de rito? Imaginaros que, siguiendo el consejo evangélico, el miércoles, inicio de cuaresma vertiéramos unas gotas de perfume a nuestras cabezas, pronunciando estas o semejantes palabras: «Recuerda, cristiano, que estás llamado a ser el buen olor de Cristo», o, «Recuerda cristiano que has sido ungido por Cristo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, en consecuencia, de acuerdo con los sentimientos y actitudes de Cristo, este miércoles inicio de Cuaresma ya no se llamará miércoles de ceniza, sino miércoles de los perfumes. Es la transformación que a nuestro rito penitencial realiza quien «cambia el duelo en danzas y el sayal en traje de fiesta».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>INTRODUCCIÓN</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Tú, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara” (Mateo 6,17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas palabras de Jesús, que la Liturgia nos ofrece el miércoles de ceniza, siempre me han gustado mucho, me han llegado al corazón. Son para mí como una invitación a empezar algo nuevo; cómo cuando me lavo y me perfumo al salir de casa, para emprender un día nuevo, para ir a una fiesta o encontrarme con alguien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Perfúmate la cabeza” me recuerda, un año más, que empieza un tiempo nuevo, que debo salir de mis rutinas y dejarme conducir y sorprender por Aquel que condujo a Israel por el desierto, hacia la tierra prometida. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Perfumate la cabeza” me suena en el orden de salida, la invitación a una aventura de cuarenta días que me renovará por dentro y por fuera, que me introducirá en la maravilla de su amor, un amor sin medida, con el que siempre he soñado; una aventura que, en sólo cuarenta días, me llevará a dejar atrás la muerte, mi muerte, ya encontrarme de cara con mi resurrección&#8230; y con Jesús, el Señor Resucitado. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>ORACIÓN: ¡QUÉ BUEN OLOR QUE HACES, DIOS MÍO, QUÉ BUEN OLOR!</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por donde pasas, dejas el rastro de tus perfumes y todo huele a ti, todo huele a Dios. La Creación entera, llena de bondad y de belleza, huele a ti. Nos sentimos felices bajo tus estrellas, disfrutamos en tus bosques y arroyos, nos conmueve la luz de tus atardeceres y la inmensidad del mar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hombre y la mujer que Tú creaste, tienen aroma a ti. El masculino y el femenino, el vigor y la ternura, las casas bien hechas, las cosas bien hechas nos acogen, nos seducen y nos huelen a ti. ¡Dios mío, qué buen olor!, y ¡cómo huele el mal que quiere estropearlo todo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dios mío, ¡qué buen olor!, olor a Belén y Nazaret, olor a Cafarnaúm ya Betania, olor a hospitalidad: la creación es hospitalidad para todos. El hombre y la mujer son hospitalidad cuando evitan hacer mal olor por el egoísmo. La Iglesia es hospitalidad, hogar común de todas las naciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro pasado, que Tú acoges siempre, huele a tu hospitalidad. Nuestro presente, que tú siempre acompañas, huele a tu acogida silenciosa y fiel. Nuestro futuro que tú nos preparas huele a hospitalidad, de la santa y bella mesa de la Trinidad a la que todos estamos invitados, a la que todos somos conducidos, donde todos somos esperados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mayor pecado consiste en: no acoger al otro, despreciarlo, no servirle, no desplegar el ritual, el amor y el detalle de la hospitalidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta Cuaresma Santa, Dios mío, concédenos correr hacia Ti, atraídos por tus perfumes&#8230; y concédenos el don y el perfume de la hospitalidad de Abraham, nuestro Padre en la fe, que acogió al mismo Dios acogiendo a tres caminantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te lo pedimos y nos sentimos escuchados porque Tú eres bueno y el único Amigo de la Humanidad. AMÉN</p>
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