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	<title>Leticia Soberón Mainero, autor en Colegiata Cielo en la Tierra</title>
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	<title>Leticia Soberón Mainero, autor en Colegiata Cielo en la Tierra</title>
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		<title>RESPETARSE EN EL AMOR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 06:16:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Familias y relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[feminicidio]]></category>
		<category><![CDATA[pedagogia]]></category>
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					<description><![CDATA[Las personas nos plenificamos en el amor sincero, en la donación de uno mismo a otras personas, en respeto y acogida. Y sin embargo vemos cómo ese camino es laborioso y en realidad poco frecuente. Requiere aprendizaje y madurez. El ejemplo más doloroso de esas dificultades es la violencia contra las mujeres, que tiene mil caras. Se manifiesta de modo muy distinto en las áreas geográficas del mundo. Por ello, como en todos los fenómenos complejos, no se pueden buscar soluciones instantáneas ni dar respuestas simplistas. La repetición de fórmulas de rechazo del machismo y al heteropatriarcado no parecen dar ningún fruto. Tampoco la satanización de los varones por el mero hecho de serlo genera la imprescindible colaboración que se requiere para afrontar este problema.&#160; Distingamos ante todo las agresiones anónimas de las personales. Las “anónimas” son las violaciones en la guerra o los secuestros y desapariciones de mujeres, que se dan en su mayoría por parte de desconocidos hacia mujeres por el simple hecho de serlo. Esas formas de agresión no van contra la persona concreta, y suelen tener motivaciones políticas, ideológicas, religiosas, estratégicas o económicas. No voy a entrar en este amplio campo, que requiere un enfoque sociocultural, legislativo y penal que escapa a mis conocimientos. Me fijaré en cambio en la violencia que se vive de manera personalizada dentro de las parejas o la familia, y termina tantas veces en muertes violentas de mujeres por parte de quienes fueron sus compañeros sentimentales. Aquí la violencia está dirigida a la persona, a ese ser humano único e irrepetible con el que se tuvo un vínculo y una cercanía a veces de años.&#160; El enfoque únicamente policial y legal para contener este problema es completamente insuficiente. Aquí se trata de una relación en la que están en juego dos personas (además de familiares y entorno cercano). En ese ámbito la violencia suele empezar de manera sutil e ir creciendo con el tiempo. ¿Qué ocurre? ¿Cómo se pasa de la atracción, el enamoramiento y la sintonía sexual al odio, el desprecio y la sed de venganza? ¿Por qué las mujeres no ponen el correctivo o freno necesario? Me parece que convergen dos aspectos que tienen que ser tratados a la vez porque son correlativos.&#160; Se trata de dinámicas cuyo origen está en el autoconcepto y la autoestima de cada miembro de la pareja. Son ambos los que se relacionan de un modo tóxico en el que la atracción se confunde con el amor. Esa forma patológica de dominio-sumisión va agravándose en el tono de las palabras, en el control por parte del dominador, en inseguridad por parte de la dominada. Y a la vez se eleva la frustración, la desconfianza, la violencia activa o pasiva, el desgaste mutuo.&#160; No todas las relaciones tóxicas desembocan en el asesinato de la mujer. Muchas pueden vivirse así durante años por ignorancia o temor a amar de otra manera. Así pues, las raíces de esa violencia no son jurídicas. Son familiares, educativas y culturales. Se originan en desarrollo precoz de las personas, de su seguridad básica, de su autoestima, de su manera de relacionarse con los demás. Hay contextos culturales que favorecen estas dinámicas, pero en Occidente, donde hace ya dos generaciones que se ha avanzado en igualdad legal y educativa, estas dinámicas perversas se dan entre adolescentes. Quienes creemos en la vocación de toda persona al amor, hemos de favorecer en todo lo posible el respeto de niñas y mujeres hacia sí mismas. La consciencia de que su valor no depende del aprecio por parte de un varón o una persona dominante. Y a ellos, ofrecerles modelos masculinos no prepotentes ni agresivos. Enseñarles a ambos, dinámicas de comunicación asertiva y respetuosa,&#160; La pedagogía del amor es urgente en la familia, en la escuela y en las redes sociales. La vida y la vocación al amor de miles de personas, hombres y mujeres, está en juego. Leticia SOBERÓN MAINERO, psicóloga y doctora en Comunicación]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="613" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/violence-against-women-Alexa-Pixabay-1024x613.jpg" alt="" class="wp-image-5783" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/violence-against-women-Alexa-Pixabay-1024x613.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/violence-against-women-Alexa-Pixabay-300x180.jpg 300w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/violence-against-women-Alexa-Pixabay-768x460.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2025/11/violence-against-women-Alexa-Pixabay.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Alexa, Pixabay</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas nos plenificamos en el amor sincero, en la donación de uno mismo a otras personas, en respeto y acogida. Y sin embargo vemos cómo ese camino es laborioso y en realidad poco frecuente. Requiere aprendizaje y madurez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ejemplo más doloroso de esas dificultades es la violencia contra las mujeres, que tiene mil caras. Se manifiesta de modo muy distinto en las áreas geográficas del mundo. Por ello, como en todos los fenómenos complejos, no se pueden buscar soluciones instantáneas ni dar respuestas simplistas. La repetición de fórmulas de rechazo del machismo y al heteropatriarcado no parecen dar ningún fruto. Tampoco la satanización de los varones por el mero hecho de serlo genera la imprescindible colaboración que se requiere para afrontar este problema.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Distingamos ante todo las agresiones anónimas de las personales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las “anónimas” son las violaciones en la guerra o los secuestros y desapariciones de mujeres, que se dan en su mayoría por parte de desconocidos hacia mujeres por el simple hecho de serlo. Esas formas de agresión no van contra la persona concreta, y suelen tener motivaciones políticas, ideológicas, religiosas, estratégicas o económicas. No voy a entrar en este amplio campo, que requiere un enfoque sociocultural, legislativo y penal que escapa a mis conocimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me fijaré en cambio en la violencia que se vive de manera personalizada dentro de las parejas o la familia, y termina tantas veces en muertes violentas de mujeres por parte de quienes fueron sus compañeros sentimentales. Aquí la violencia está dirigida a la persona, a ese ser humano único e irrepetible con el que se tuvo un vínculo y una cercanía a veces de años.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El enfoque únicamente policial y legal para contener este problema es completamente insuficiente. Aquí se trata de una relación en la que están en juego dos personas (además de familiares y entorno cercano). En ese ámbito la violencia suele empezar de manera sutil e ir creciendo con el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué ocurre? ¿Cómo se pasa de la atracción, el enamoramiento y la sintonía sexual al odio, el desprecio y la sed de venganza? ¿Por qué las mujeres no ponen el correctivo o freno necesario?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me parece que convergen dos aspectos que tienen que ser tratados a la vez porque son correlativos.&nbsp;</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una falta de respeto de muchas mujeres hacia sí mismas, con poca consideración de su propio valor, que les hace crear relaciones dependientes y de sumisión ante el idealizado varón.</li>



<li>Una distorsionada visión varonil sobre su valor, cifrado en el predominio hacia las mujeres, a la vez que una escondida fragilidad que les hace inconcebible vivir sin la presencia de ese ser sumiso en que han convertido a su pareja.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de dinámicas cuyo origen está en el autoconcepto y la autoestima de cada miembro de la pareja. Son ambos los que se relacionan de un modo tóxico en el que la atracción se confunde con el amor. Esa forma patológica de dominio-sumisión va agravándose en el tono de las palabras, en el control por parte del dominador, en inseguridad por parte de la dominada. Y a la vez se eleva la frustración, la desconfianza, la violencia activa o pasiva, el desgaste mutuo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todas las relaciones tóxicas desembocan en el asesinato de la mujer. Muchas pueden vivirse así durante años por ignorancia o temor a amar de otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, las raíces de esa violencia no son jurídicas. Son familiares, educativas y culturales. Se originan en desarrollo precoz de las personas, de su seguridad básica, de su autoestima, de su manera de relacionarse con los demás. Hay contextos culturales que favorecen estas dinámicas, pero en Occidente, donde hace ya dos generaciones que se ha avanzado en igualdad legal y educativa, estas dinámicas perversas se dan entre adolescentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes creemos en la vocación de toda persona al amor, hemos de favorecer en todo lo posible el respeto de niñas y mujeres hacia sí mismas. La consciencia de que su valor no depende del aprecio por parte de un varón o una persona dominante. Y a ellos, ofrecerles modelos masculinos no prepotentes ni agresivos. Enseñarles a ambos, dinámicas de comunicación asertiva y respetuosa,&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pedagogía del amor es urgente en la familia, en la escuela y en las redes sociales. La vida y la vocación al amor de miles de personas, hombres y mujeres, está en juego.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Leticia SOBERÓN MAINERO, psicóloga y doctora en Comunicación</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El amor es asimétrico</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2025/03/el-amor-es-asimetrico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Mar 2025 09:44:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Familias y relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
		<category><![CDATA[dios]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>
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					<description><![CDATA[En toda relación de cariño -familiar, de pareja, de amigos-, cada persona ama sólo en la medida de sus posibilidades. No todo el mundo tiene la misma capacidad para dar y recibir amor. Esa capacidad podría ser descrita de muchas formas. Por ejemplo, cuánto la persona realmente conoce y acepta a la otra, cuánto la respeta en sí misma y en sus decisiones libres; si es capaz de escucharla y acoger su realidad, cómo favorece su desarrollo y su bienestar, si tiene paciencia en aquello que le es difícil gestionar… Y para recibir amor, correlativamente se requiere respetarse a sí misma, ser veraz ante la otra persona y dejarse conocer, dejarse cuidar y recibir atenciones… En todo amor auténtico la reciprocidad es clave para que haya una relación sana. Es dar y recibir. Pero incluso en la reciprocidad, el amor suele ser asimétrico. Una de las partes suele amar más intensamente que la otra. O al menos, con tipos de generosidad dispar: en unos campos más que en otros, cosa no siempre percibida en sus matices, de modo que con frecuencia las personas se perciben dando más que lo que reciben. La mayoría de nosotros estamos muy pobremente formados en el arte de amar. Hemos ido creciendo selváticamente a base de experiencias más o menos gratificantes o dolorosas. Nos defendemos, nos escondemos, calculamos… Aun así, casi siempre intentamos amar. Es aquí donde hay que recordar que, sea en la medida y del modo que sea, cuando alguien expresa un gesto de amor sincero y desinteresado, lo hace gratis. En ese dar y recibir, las personas nos regalan su tiempo, su apoyo, porque quieren. Son libres, pueden hacerlo o no. Nada puede exigirse. Y mucho menos reclamarse como «pago» por algo que uno hizo en momentos anteriores. Todo don se da porque se quiere dar. Y toda respuesta o correspondencia, es también gratuita por parte de los otros. El dinamismo de una gratuidad de cariño es difusivo y alcanza mucho más allá de los inmediatos. Llega lejos, irradia hasta quienes no conocemos, por esa indefinible conexión que existe entre las personas. En nuestras relaciones personales asumamos que posiblemente hay quien nos ama mucho y nosotros menos, y en otros casos la asimetría se da al revés: nosotros expresamos más amor que el que percibimos de alguien. Y no podemos ni debemos exigir nada. La primera condición de la amistad es no forzar. Cada uno da lo que puede dar. Así es entre Dios y nosotros. Él da todo. Nosotros, lo que podemos. Pero así su Amor llega lejos. Mucho más allá de nosotros. Leticia Soberón]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En toda relación de cariño -familiar, de pareja, de amigos-, cada persona ama sólo en la medida de sus posibilidades. No todo el mundo tiene la misma capacidad para dar y recibir amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa capacidad podría ser descrita de muchas formas. Por ejemplo, cuánto la persona realmente conoce y acepta a la otra, cuánto la respeta en sí misma y en sus decisiones libres; si es capaz de escucharla y acoger su realidad, cómo favorece su desarrollo y su bienestar, si tiene paciencia en aquello que le es difícil gestionar… Y para recibir amor, correlativamente se requiere respetarse a sí misma, ser veraz ante la otra persona y dejarse conocer, dejarse cuidar y recibir atenciones… En todo amor auténtico la reciprocidad es clave para que haya una relación sana. Es dar y recibir. Pero incluso en la reciprocidad, el amor suele ser asimétrico. Una de las partes suele amar más intensamente que la otra. O al menos, con tipos de generosidad dispar: en unos campos más que en otros, cosa no siempre percibida en sus matices, de modo que con frecuencia las personas se perciben dando más que lo que reciben.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mayoría de nosotros estamos muy pobremente formados en el arte de amar. Hemos ido creciendo selváticamente a base de experiencias más o menos gratificantes o dolorosas. Nos defendemos, nos escondemos, calculamos…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, casi siempre intentamos amar. Es aquí donde hay que recordar que, sea en la medida y del modo que sea, cuando alguien expresa un gesto de amor sincero y desinteresado, lo hace gratis. En ese dar y recibir, las personas nos regalan su tiempo, su apoyo, porque quieren. Son libres, pueden hacerlo o no. Nada puede exigirse. Y mucho menos reclamarse como «pago» por algo que uno hizo en momentos anteriores. Todo don se da porque se quiere dar. Y toda respuesta o correspondencia, es también gratuita por parte de los otros. El dinamismo de una gratuidad de cariño es difusivo y alcanza mucho más allá de los inmediatos. Llega lejos, irradia hasta quienes no conocemos, por esa indefinible conexión que existe entre las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras relaciones personales asumamos que posiblemente hay quien nos ama mucho y nosotros menos, y en otros casos la asimetría se da al revés: nosotros expresamos más amor que el que percibimos de alguien. Y no podemos ni debemos exigir nada. La primera condición de la amistad es no forzar. Cada uno da lo que puede dar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así es entre Dios y nosotros. Él da todo. Nosotros, lo que podemos. Pero así su Amor llega lejos. Mucho más allá de nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Leticia Soberón</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Nosotros y el Metaverso</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2023/02/nosotros-y-el-metaverso/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 Feb 2023 15:15:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación y cultura digital]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[digitalización]]></category>
		<category><![CDATA[persona]]></category>
		<category><![CDATA[universo]]></category>
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					<description><![CDATA[Nosotros y el Metaverso Estamos a punto de entrar en una&#160;fase nueva&#160;de lo que llamamos “sociedad digital”, que inició con la creación de Internet y se popularizó a finales del siglo XX, y que ha avanzado a toda velocidad en el XXI ampliando su alcance y sofisticación. Las redes sociales, los satélites, la geolocalización, las compras digitales… todo ello y mucho más revoluciona la vida de más de medio planeta. Pero dentro de esta sociedad digital existen ámbitos en particular desarrollo, como el de los videojuegos, cada vez más sofisticados y con cientos de millones de usuarios. O las criptomonedas, que generan un creciente movimiento de dinero de manera completamente no-física, sino únicamente digital. O el “internet de las cosas”, un entramado de dispositivos personales que interactúan entre sí, como relojes, zapatillas, camisetas, cámaras ciudadanas, puertas, televisores, frigoríficos, lavadoras, automóviles, etc. Un verdadero tejido digital que configura la vida física de cada uno de nosotros. Más allá de la cuestión sobre los algoritmos y quién gestiona nuestros datos -un tema crucial de nuestro tiempo-, vemos que se está intensificando una línea de gigantescas inversiones sobre lo que empezó como “realidad virtual». Mark Zuckerberg, creador de Facebook, ha cambiado el nombre de su empresa y la ha llamado Meta. De Metaverso. El llamado “metaverso” (de “meta” o “más allá” y “universo”), permitirá a millones de personas sumergirse en realidades paralelas en tres dimensiones e interactivas, creadas digitalmente. Entraremos en entornos imaginarios o reales creados con gran detalle, a través de un sistema informático al que se accede no mirando una pantalla, sino interactuando por medio de unas gafas y otros dispositivos corporales, como guantes, zapatos, cinturones, que incorporan el movimiento de la persona y ésta se “mueve” en ese entorno, a través de un avatar o personaje, viviendo una experiencia totalmente inmersiva y envolvente. Podremos ser otras personas. O ser personajes imaginarios creados por nosotros mismos. Podremos visitar nuestra futura casa que aún no se ha construido, entrar en el sistema digestivo de un paciente, pasear por la antigua Roma y ver a Julio César, o conocer personalmente a Tutankamen, volar por el espacio sideral o ser aplaudidos por miles de personas en un estadio… Cualquier escenario real o ficticio estará al alcance de un clic. Cualquier personalidad y apariencia nos ocultará o expresará. ¿Cómo entender, qué priorizar, cómo educar en este contexto?&#160; Un desarrollo tan veloz como novedoso pone en cuestión todo nuestro modelo educativo, nuestro modo de entender a las personas y sus relaciones. El aprendizaje a través de transmisión oral interminable a personas pasivas queda totalmente desfasado. Y se requerirán en el futuro no sólo conocimientos, sino también y sobre todo habilidades y competencias humanas muy bien cimentadas. Por eso propongo ver todo este entramado con una mirada centrada en la persona, la familia y la comunidad físicas, y por supuesto la espiritualidad, además de la tecnología. A partir de ahí, entendiendo lo más posible al ser humano y sus características más propias, localizar los valores más importantes que debemos cultivar, siendo capaces al mismo tiempo de participar en la sociedad de nuestra época y más aún, darle sentido y crear ámbitos de convivencia. ¿Nos pasará lo mismo con la realidad virtual? Estamos a tiempo, en este naciente mundo llamado Metaverso. Por lo menos sigamos la pista y mantengámonos&#160;informados y alertas&#160;para entrar en esta nueva fase, para humanizarla y facilitar su mejor expresión educativa, con creatividad y valentía. Leticia SOBERÓN MAINEROFuente: https://www.revistare.com/2022/02/cinco-claves-para-vivir-en-la-era-metaverso/]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/Metaverso-y-nosotros.-foto-Pixabay-682x1024.jpg" alt="" class="wp-image-3697" width="487" height="731" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/Metaverso-y-nosotros.-foto-Pixabay-682x1024.jpg 682w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/Metaverso-y-nosotros.-foto-Pixabay-200x300.jpg 200w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/Metaverso-y-nosotros.-foto-Pixabay-768x1152.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/Metaverso-y-nosotros.-foto-Pixabay.jpg 853w" sizes="(max-width: 487px) 100vw, 487px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Pixabay</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nosotros y el Metaverso</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos a punto de entrar en una&nbsp;<strong>fase nueva</strong>&nbsp;de lo que llamamos “<strong>sociedad digital</strong>”, que inició con la creación de Internet y se popularizó a finales del siglo XX, y que ha avanzado a toda velocidad en el XXI ampliando su alcance y sofisticación. Las redes sociales, los satélites, la geolocalización, las compras digitales… todo ello y mucho más revoluciona la vida de más de medio planeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero dentro de esta sociedad digital existen ámbitos en <strong>particular desarrollo</strong>, como el de los <strong>videojuegos</strong>, cada vez más sofisticados y con cientos de millones de usuarios. O las <strong>criptomonedas</strong>, que generan un creciente movimiento de dinero de manera completamente no-física, sino únicamente digital. O el “<strong>internet de las cosas</strong>”, un entramado de dispositivos personales que interactúan entre sí, como relojes, zapatillas, camisetas, cámaras ciudadanas, puertas, televisores, frigoríficos, lavadoras, automóviles, etc. Un verdadero tejido digital que configura la vida física de cada uno de nosotros. Más allá de la cuestión sobre los algoritmos y quién gestiona nuestros datos -un tema crucial de nuestro tiempo-, vemos que se está intensificando una línea de gigantescas inversiones sobre lo que empezó como “realidad virtual». Mark Zuckerberg, creador de Facebook, ha cambiado el nombre de su empresa y la ha llamado Meta. De Metaverso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El llamado “<strong>metaverso</strong>” (de “meta” o “más allá” y “universo”), permitirá a millones de personas <strong>sumergirse en realidades paralelas en tres dimensiones e interactivas</strong>, creadas digitalmente. Entraremos en entornos imaginarios o reales creados con gran detalle, a través de un sistema informático al que se accede no mirando una pantalla, sino <strong>interactuando por medio de unas gafas y otros dispositivos corporales</strong>, como guantes, zapatos, cinturones, que <strong>incorporan el movimiento</strong> de la persona y ésta se “mueve” en ese entorno, a través de un avatar o personaje, viviendo una experiencia totalmente inmersiva y <strong>envolvente</strong>. Podremos ser otras personas. O ser personajes imaginarios creados por nosotros mismos. Podremos visitar nuestra futura casa que aún no se ha construido, entrar en el sistema digestivo de un paciente, pasear por la antigua Roma y ver a Julio César, o conocer personalmente a Tutankamen, volar por el espacio sideral o ser aplaudidos por miles de personas en un estadio… Cualquier escenario real o ficticio estará al alcance de un clic. Cualquier personalidad y apariencia nos ocultará o expresará.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo entender, qué priorizar, cómo educar en este contexto?&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un desarrollo tan veloz como novedoso pone en cuestión todo nuestro modelo educativo, nuestro modo de entender a las personas y sus relaciones. El aprendizaje a través de transmisión oral interminable a personas pasivas queda totalmente desfasado. Y se requerirán en el futuro no sólo conocimientos, sino también y sobre todo habilidades y competencias humanas muy bien cimentadas. Por eso propongo ver todo este entramado con una mirada centrada en la persona, la familia y la comunidad físicas, y por supuesto la espiritualidad, además de la tecnología. A partir de ahí, entendiendo lo más posible al ser humano y sus características más propias, localizar los valores más importantes que debemos cultivar, siendo capaces al mismo tiempo de participar en la sociedad de nuestra época y más aún, darle sentido y crear ámbitos de convivencia.</p>



<ol class="wp-block-list" type="1">
<li><strong>El ancla es el cuerpo y la vida física natural</strong><strong>.</strong>&nbsp;Es necesario comprender que todo ser humano está enraizado ónticamente en su cuerpo. Lo más importante y definitivo de nuestra existencia tiene raíz corporal, siendo quienes somos y como somos. Nacimos como fruto de un encuentro físico que dio como resultado nuestro irrepetible código genético.&nbsp;<strong>Nacer, ser acogidos, alimentados, cuidados… todo esto es físico</strong>. Respirar, comer, digerir, dormir, amar… en un entorno interpersonal y también natural (urbano o rural) que nos configura. Todo esto es físico, aunque en el ser humano todo tiene además una dimensión psíquica, simbólica, de significado, de sentido.&nbsp;<strong>Y es clave cultivar la aceptación de uno(a) mismo(a) tal cual es</strong>. &nbsp;Todo lo que vivamos en cualquiera de las dimensiones simbólicas, aspira a tener su aterrizaje y concreción en ese yo corporal irrepetible. El hambre y la satisfacción alimentaria son físicas. El sueño es físico. La proximidad y la caricia, el abrazo, son físicos. La vida y la muerte, son físicas. Las necesidades básicas de todo ser humano se desarrollan en su cuerpo (por eso la solidaridad empiezan por lo físico). Las relaciones humanas auténticas reclaman presencia física. No lo olvidemos. Pero, al mismo tiempo:</li>



<li><strong>El ser humano siempre ha creado experiencias mentales que le dan sentido</strong>. Pensemos en los&nbsp;<strong>mitos</strong>, las&nbsp;<strong>leyendas</strong>, las narraciones (orales o escritas) que han transportado a nuestros antepasados&nbsp;<strong>mundos imaginarios que explicaban su situación</strong>, les proponían un sentido, les daban&nbsp;<strong>claves de comprensión</strong>&nbsp;que finalmente se traducían en acciones en la vida física, individual y social. La imaginación es propia del ser humano, y ha sido tanto posibilitadora de nuevas realidades, como riesgosa cuando le hace perderse en ensoñaciones. Esas narraciones siguen existiendo y se transmiten en todo tipo de formato. Pueden ser<strong>&nbsp;tan atractivas y fantasiosas que de algún modo hagan “escapar” a los individuos hacia mundos inexistentes</strong>, tanto a través de los libros como de la radio, la televisión y el cine, y hoy día los videojuegos. Todos ellos cumplen esa múltiple función: entretener, explicarnos el presente, abstraernos de la realidad personal de nuestro yo corriente, hacernos protagonistas de mundos y situaciones creadas por nosotros mismos. El riesgo de todas estas maneras de sumergirnos en esas historias, es que nos gusten tanto que no queramos ya volver a lo que llamamos “realidad física”, a nuestra personalidad real, a nuestro entorno concreto de espacio y relaciones. Ese riesgo ha existido siempre y de diversas maneras. Lo que sucede ahora es que la&nbsp;<strong>realidad virtual es mucho más envolvente</strong>. Engaña nuestros sentidos al hacernos partícipes también con nuestro cuerpo, de lo que estamos viendo y nos rodea. De ahí su mayor capacidad de absorbernos y perdernos.</li>



<li><strong>Es necesario educarnos en la gestión del deseo</strong><strong>.</strong>&nbsp;Ante el indudable atractivo de estas tecnologías envolventes, parece una obviedad pero se menciona muy poco: es imprescindible que desde los primeros años de vida enseñemos a los menores a conocer y gestionar sus deseos. Éste ha sido, probablemente, uno de los grandes huecos que ha tenido la educación de los niños crecidos en los últimos 20 años, pues se ha evitado al máximo “contrariarlos” -¡son niños!, se dice- y les hemos dejado abandonados a los vaivenes de sus caprichos y deseos, que no tienen brújula.&nbsp;<strong>Todo ser humano tiene que aprender a gestionar sus deseos</strong>, tanto por su propio bien, como para facilitar una convivencia sana y gratificante con los demás. Gestionar el atractivo de los dulces, del ocio, de las sustancias adictivas, del atractivo sexual… Buscar y adherirse a todo este conjunto de satisfactores, es un riesgo a todas las edades, pero si los menores han sido educados sin acotarles límites y enseñarles a discernir, serán arrastrados por sus propios deseos sin saber hacia dónde van. La realidad virtual será sin duda un satisfactor de gran alcance ante el cual se pondrá a prueba la capacidad de la persona de gestionar sus deseos sin aplastarlos ni ignorarlos.</li>



<li><strong>Educar en la programación digital</strong>. Hace ya tiempo que se dice que la nueva alfabetización es la programación. No podemos dejar a las nuevas generaciones totalmente indefensas ante los pocos “magos de la tribu” capaces de programar en lenguajes digitales. Las asignaturas de informática, robótica, programación, deberían ser habituales en todas las escuelas. Eso permitirá de algún modo conocer cómo se crean y desarrollan esos mundos paralelos, y poder&nbsp;<strong>“gestionarlos” de manera más activa</strong>&nbsp;en vez de totalmente pasiva.</li>



<li><strong>Usar la realidad virtual como herramienta educativa</strong>.&nbsp;Imagínense que podamos hacer pasear a los niños por la ciudad precolombina de Tenochtitlán. O que acompañen a Ghandi en sus viajes por la India promoviendo la concordia y la no-violencia. O vean a Luis Pasteur experimentar con las primeras vacunas, o interactuar con Platón en la Academia de Atenas. Como siempre,&nbsp;<strong>las instituciones educativas tendrán que acelerar el paso</strong>, desanclarse de sus antiguas formas y zonas de confort, y ponerse al día para no perder el tren de la educación. Nuestros jóvenes&nbsp;&nbsp;ya están muchas horas en los videojuegos, y son pocas las entidades que se han atrevido o han tenido los recursos para crear espacios educativos realmente interactivos.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">¿Nos pasará lo mismo con la realidad virtual? Estamos a tiempo, en este naciente mundo llamado Metaverso. Por lo menos sigamos la pista y mantengámonos&nbsp;<strong>informados y alertas</strong>&nbsp;para entrar en esta nueva fase, para humanizarla y facilitar su mejor expresión educativa, con creatividad y valentía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br></em>Fuente: https://www.revistare.com/2022/02/cinco-claves-para-vivir-en-la-era-metaverso/</p>
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		<title>Pensamiento vs. algoritmos</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Feb 2023 21:26:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunicación y cultura digital]]></category>
		<category><![CDATA[Familias y relaciones humanas]]></category>
		<category><![CDATA[Pedagogía]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[digitalización]]></category>
		<category><![CDATA[redes]]></category>
		<category><![CDATA[relaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[Pocos ignoran que las&#160;redes sociales&#160;(una explosiva mezcla de brevedad, inmediatez, emociones y algoritmos) son un factor determinante en la&#160;polarización de nuestra sociedad. Si bien muchas de las ideologías, religiones o sensibilidades, tienen en sus autores de origen todo un fundamento&#160;lleno de matices, estos se van&#160;perdiendo&#160;progresivamente en aras de la brevedad cuando se expresan en redes sociales. Las afirmaciones, cada vez más reducidas y simples, van reduciendo la vida mental y social a un tablero en blanco y negro, en posturas que finalmente se vuelven irreconciliables y antagónicas. Ya no se dialoga intentando comprender al otro: se juega al pin pon de frases agresivas, con cada vez más virulencia. A esta polarización, que sin duda&#160;empobrece el pensamiento, hay que añadir la decidida tendencia de los proveedores de redes sociales a&#160;personalizar la publicidad. Lo hacen contabilizando con cookies nuestras visitas a sitios web, registrando el tipo de contenidos que consumimos, nuestros «me gusta» a ciertos autores, etc., y&#160;calculando con algoritmos&#160;qué nos gustaría recibir. De ese modo, nos van&#160;encerrando en nuestro propio ambiente, nos reducen a leer lo que&#160;ya creemos y pensamos.&#160;Así que cuando nos enfrentamos a otros puntos de vista, la sensación de extrañeza es cada vez mayor. La opción de salirse de las redes -cada vez más frecuente entre los personajes relevantes de la vida social- proviene precisamente de la fatiga que genera esa polarización. Es urgente aprender a pensar juntos ¿Significa esto que todos deberíamos&#160;darles la espalda a las redes sociales? A mi modo de ver,&#160;no necesariamente. Reducir nuestras horas de consumo, seguramente. Pero sí urge convertirnos en usuarios/ciberciudadanos que toman conciencia de esa dinámica empobrecedora: la simplificación y la autorreferencia. Necesitamos personas mucho más proactivas que decidan abrir espacios para el auténtico&#160;pensamiento en común. Nos enfrentamos a grandes desafíos.&#160;Desafíos que no son individuales, sino precisamente, sociales. Todos estamos implicados, tanto en los problemas, como en sus posibles soluciones. Es imprescindible que&#160;avancemos&#160;en estrategias que permitan a personas con sensibilidades, ideologías o religiones distintas,&#160;escucharse y entenderse mutuamente, que se abran a ponerse en la piel de los otros, aprendan a&#160;deliberar&#160;y decidir de manera&#160;corresponsable. El&#160;diálogo fecundo es un arte&#160;que se debe enseñar desde la infancia, porque implica la&#160;humildad de la razón: comprender que&#160;yo veo sólo una parte&#160;de las situaciones, y que&#160;puedo equivocarme&#160;incluso en aquello que veo. La humildad de la razón es la que nos permite&#160;admitir que los demás nos aportan algo, su visión puede completar o corregir la nuestra, y viceversa. Nadie sabe todo, todos sabemos algo, no hay nadie de quien no podamos aprender algo. Esta humildad ayuda también a sanar las emociones: se reduce la ira, la descalificación de los otros, y podemos empezar a empatizar con personas de otras «tribus» hasta comprender que la persona es más valiosa que sus ideas. ¡Podemos incluso empezar a ser amigos! Este aprender&#160;a pensar con otros&#160;debería empezar por los más cercanos, para luego abrirnos a los que nos quedan más lejos y los consideramos distintos y divergentes respecto a nosotros. La razón humilde nos permite dar esos primeros pasos. Pensar juntos, dentro y fuera de las redes, eligiendo las cookies que aceptamos, venciendo a los algoritmos y a nuestros propios sesgos de autoconfirmación, implica por supuesto un esfuerzo. Pero nuestra sociedad está hondamente necesitada de concordia y buen diálogo para conseguirla. Leticia SOBERÓN MAINEROPsicóloga y doctora en comunicación Fuente: https://www.revistare.com/2021/06/el-arte-de-pensar-juntos/]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-3459" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-1024x683.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-300x200.jpg 300w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-768x512.jpg 768w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-391x260.jpg 391w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-1536x1024.jpg 1536w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-2048x1365.jpg 2048w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/02/pensamiento-vs-algoritmos-cottonbro-studio-1320x880.jpg 1320w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">foto: cottonbro studio</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pocos ignoran que las&nbsp;redes sociales&nbsp;(una explosiva mezcla de brevedad, inmediatez, emociones y algoritmos) son un factor determinante en la&nbsp;polarización de nuestra sociedad. Si bien muchas de las ideologías, religiones o sensibilidades, tienen en sus autores de origen todo un fundamento&nbsp;lleno de matices, estos se van&nbsp;perdiendo&nbsp;progresivamente en aras de la brevedad cuando se expresan en redes sociales. Las afirmaciones, cada vez más reducidas y simples, van reduciendo la vida mental y social a un tablero en blanco y negro, en posturas que finalmente se vuelven irreconciliables y antagónicas. Ya no se dialoga intentando comprender al otro: se juega al pin pon de frases agresivas, con cada vez más virulencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esta polarización, que sin duda&nbsp;empobrece el pensamiento, hay que añadir la decidida tendencia de los proveedores de redes sociales a&nbsp;personalizar la publicidad. Lo hacen contabilizando con cookies nuestras visitas a sitios web, registrando el tipo de contenidos que consumimos, nuestros «me gusta» a ciertos autores, etc., y&nbsp;calculando con algoritmos&nbsp;qué nos gustaría recibir. De ese modo, nos van&nbsp;encerrando en nuestro propio ambiente, nos reducen a leer lo que&nbsp;ya creemos y pensamos.&nbsp;Así que cuando nos enfrentamos a otros puntos de vista, la sensación de extrañeza es cada vez mayor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La opción de salirse de las redes -cada vez más frecuente entre los personajes relevantes de la vida social- proviene precisamente de la fatiga que genera esa polarización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es urgente aprender a pensar juntos</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Significa esto que todos deberíamos&nbsp;darles la espalda a las redes sociales?</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mi modo de ver,&nbsp;no necesariamente. Reducir nuestras horas de consumo, seguramente. Pero sí urge convertirnos en usuarios/ciberciudadanos que toman conciencia de esa dinámica empobrecedora: la simplificación y la autorreferencia. Necesitamos personas mucho más proactivas que decidan abrir espacios para el auténtico&nbsp;pensamiento en común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos enfrentamos a grandes desafíos.&nbsp;Desafíos que no son individuales, sino precisamente, sociales. Todos estamos implicados, tanto en los problemas, como en sus posibles soluciones. Es imprescindible que&nbsp;avancemos&nbsp;en estrategias que permitan a personas con sensibilidades, ideologías o religiones distintas,&nbsp;escucharse y entenderse mutuamente, que se abran a ponerse en la piel de los otros, aprendan a&nbsp;deliberar&nbsp;y decidir de manera&nbsp;corresponsable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El&nbsp;diálogo fecundo es un arte&nbsp;que se debe enseñar desde la infancia, porque implica la&nbsp;humildad de la razón: comprender que&nbsp;yo veo sólo una parte&nbsp;de las situaciones, y que&nbsp;puedo equivocarme&nbsp;incluso en aquello que veo. La humildad de la razón es la que nos permite&nbsp;admitir que los demás nos aportan algo, su visión puede completar o corregir la nuestra, y viceversa. Nadie sabe todo, todos sabemos algo, no hay nadie de quien no podamos aprender algo. Esta humildad ayuda también a sanar las emociones: se reduce la ira, la descalificación de los otros, y podemos empezar a empatizar con personas de otras «tribus» hasta comprender que la persona es más valiosa que sus ideas. ¡Podemos incluso empezar a ser amigos!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este aprender&nbsp;a pensar con otros&nbsp;debería empezar por los más cercanos, para luego abrirnos a los que nos quedan más lejos y los consideramos distintos y divergentes respecto a nosotros. La razón humilde nos permite dar esos primeros pasos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensar juntos, dentro y fuera de las redes, eligiendo las cookies que aceptamos, venciendo a los algoritmos y a nuestros propios sesgos de autoconfirmación, implica por supuesto un esfuerzo. Pero nuestra sociedad está hondamente necesitada de concordia y buen diálogo para conseguirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leticia SOBERÓN MAINERO<br>Psicóloga y doctora en comunicación<br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuente: <a href="https://www.revistare.com/2021/06/el-arte-de-pensar-juntos/">https://www.revistare.com/2021/06/el-arte-de-pensar-juntos/</a></p>
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		<title>La interioridad como jardín</title>
		<link>https://colegiatacieloenlatierra.org/2023/01/la-interioridad-como-jardin/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Leticia Soberón Mainero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Jan 2023 15:09:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Caseidad y convivencia]]></category>
		<category><![CDATA[Temas]]></category>
		<category><![CDATA[interioridad]]></category>
		<category><![CDATA[perdón]]></category>
		<category><![CDATA[tristeza]]></category>
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					<description><![CDATA[Estar con uno mismo es inevitable, aunque a veces quisiéramos huir o aturdirnos por no entrar en este microclima que llamamos interioridad cuando lo encontramos oscuro, desordenado, confuso, dominado por la tristeza, el mal humor, la agresividad, la indiferencia. En estas ocasiones los demás suelen darse cuenta y huyen para no contagiarse de esta negatividad. «Hay que cultivar en uno mismo actitudes sanadoras como la benevolencia, la paz y el perdón.» ¿Cómo evitar estas caídas, esta negrura a veces intensa, que nos tiñe por dentro y se trasluce hacia afuera? La imagen que me viene a la mente es la de un jardín interior. Un espacio que debemos cuidar y mantener bonito, limpio, acogedor. Aireado y libre, pero a la vez bastante cultivado. Aunque no está a la vista de los demás, ellos perciben de algún modo su estado. Para cultivarlo y embellecerlo, es necesario en primer lugar detectar su situación actual. Si hay preocupaciones e inquietudes, preguntarse por qué; en otras palabras, realizar un tipo de diagnóstico básico para poder orientarse sobre qué hacer. La inquietud, la tristeza, el desencanto y la frustración suelen ser compañeros de camino en la vida cotidiana, pero no conviene instalarse en ellas como estado permanente porque son muy destructivas. De ahí el estrés, el desgaste, las enfermedades psicosomáticas. Y porque en realidad, ante las mismas circunstancias, podemos situarnos de otra forma para modificar precisamente este clima interior. Cambiar la mirada y las claves de lectura, bajar unas líneas en la exigencia con nosotros mismos y en la expectativa hacia los demás, son actitudes que actúan como luz matizada y agua para el jardín reseco por el sol del perfeccionismo. Seamos sinceros con nosotros mismos para detectar las fuentes de este desencanto y afrontarlas, buscando posibles salidas, enfoques diferentes que nos ayuden a soportar de otro modo una situación, solicitando a alguna persona de confianza el diálogo que nos enfoque de nuevo la situación buscando oportunidades de crecimiento. En segundo lugar, pienso que hay que cultivar en uno mismo actitudes sanadoras como la benevolencia, la paz y el perdón, indispensables para cambiar este clima interior. Cuando uno sobrecarga su mente y su corazón con resentimientos, odios, deseos de venganza, va marchitando la vida por dentro. Es necesario curar. No porque cambien las circunstancias, sino porque uno las asume de una forma nueva y decide sacar de su interior las malas hierbas que ahogan las flores y hortalizas. Sinceramente no soy partidaria de lo que se ha banalizado como «psicología positiva» cuando se reduce a repetir infantilmente frases que nos ilusionen con situaciones irreales: «yo lo puedo todo», «no tengo límites». No suele ser así. Está claro que tenemos límites. Pero lo que puedo, eso sí que debo hacerlo. Lo que está en mi mano es mi responsabilidad. ¡Adelante entonces! Me parece que el auténtico cultivo de una interioridad sana debe basarse en lo que realmente somos y vivimos, sin infantilismos ni vanas ilusiones que serían como flores de plástico en un jardín vivo. Para cultivar vegetación auténtica, debemos buscar y aprovechar, en toda circunstancia, las oportunidades reales que siempre existen. «Un espacio que debemos cuidar y mantener bonito, limpio, acogedor. Aireado y libre, pero a la vez bastante cultivado.» Recurrir por supuesto a la espiritualidad personal, a lo que creemos, es un recurso vital aunque no todas las personas lo tienen. La ayuda del elevado, o la vivencia que se tiene de no estar solos, son elementos muy importantes para recrear un ecosistema vivo dentro de uno mismo; al fin y al cabo no nos dimos nosotros la vida, y abrirse a ese «alguien» que nos la sigue dando, puede ser clave para ajardinar nuestro interior. La gratitud hacia este Ser, o hacia el universo y la materia, por la vida recibida, es un elemento básico de este proceso de saneamiento interior. Es como hundir las raíces en una tierra rica en minerales y nutrientes para que las plantas crezcan sanas y fuertes. Por último, paladeemos el momento presente. Con lo poco o mucho que se tenga, estar vivos es fuente de una gran alegría. Saborear la vida en sí misma produce entusiasmo y facilita la empatía. Como el abono, la plena conciencia de presente transforma nuestra interioridad, que poco a poco será un remanso de paz donde descansar por las noches, o dónde entrar cuando estamos en soledad y silencio. ¡E incluso podremos ofrecer a los demás los frutos de la paz y el sosiego! Leticia SOBERÓN MAINEROPsicóloga. Doctora en comunicación, España Fuente: https://www.revistare.com/2022/12/la-interioridad-como-jardin/]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1219" src="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/01/La-interioridad-como-jardin_3.jpg" alt="" class="wp-image-2525" srcset="https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/01/La-interioridad-como-jardin_3.jpg 1024w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/01/La-interioridad-como-jardin_3-252x300.jpg 252w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/01/La-interioridad-como-jardin_3-860x1024.jpg 860w, https://colegiatacieloenlatierra.org/wp-content/uploads/2023/01/La-interioridad-como-jardin_3-768x914.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Marta Palau</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estar con uno mismo es inevitable, aunque a veces quisiéramos huir o aturdirnos por no entrar en este microclima que llamamos interioridad cuando lo encontramos oscuro, desordenado, confuso, dominado por la tristeza, el mal humor, la agresividad, la indiferencia. En estas ocasiones los demás suelen darse cuenta y huyen para no contagiarse de esta negatividad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Hay que cultivar en uno mismo actitudes sanadoras como la benevolencia, la paz y el perdón.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo evitar estas caídas, esta negrura a veces intensa, que nos tiñe por dentro y se trasluce hacia afuera?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La imagen que me viene a la mente es la de un jardín interior. Un espacio que debemos cuidar y mantener bonito, limpio, acogedor. Aireado y libre, pero a la vez bastante cultivado. Aunque no está a la vista de los demás, ellos perciben de algún modo su estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para cultivarlo y embellecerlo, es necesario en primer lugar detectar su situación actual. Si hay preocupaciones e inquietudes, preguntarse por qué; en otras palabras, realizar un tipo de diagnóstico básico para poder orientarse sobre qué hacer. La inquietud, la tristeza, el desencanto y la frustración suelen ser compañeros de camino en la vida cotidiana, pero no conviene instalarse en ellas como estado permanente porque son muy destructivas. De ahí el estrés, el desgaste, las enfermedades psicosomáticas. Y porque en realidad, ante las mismas circunstancias, podemos situarnos de otra forma para modificar precisamente este clima interior. Cambiar la mirada y las claves de lectura, bajar unas líneas en la exigencia con nosotros mismos y en la expectativa hacia los demás, son actitudes que actúan como luz matizada y agua para el jardín reseco por el sol del perfeccionismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seamos sinceros con nosotros mismos para detectar las fuentes de este desencanto y afrontarlas, buscando posibles salidas, enfoques diferentes que nos ayuden a soportar de otro modo una situación, solicitando a alguna persona de confianza el diálogo que nos enfoque de nuevo la situación buscando oportunidades de crecimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En segundo lugar, pienso que hay que cultivar en uno mismo actitudes sanadoras como la benevolencia, la paz y el perdón, indispensables para cambiar este clima interior. Cuando uno sobrecarga su mente y su corazón con resentimientos, odios, deseos de venganza, va marchitando la vida por dentro. Es necesario curar. No porque cambien las circunstancias, sino porque uno las asume de una forma nueva y decide sacar de su interior las malas hierbas que ahogan las flores y hortalizas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sinceramente no soy partidaria de lo que se ha banalizado como «psicología positiva» cuando se reduce a repetir infantilmente frases que nos ilusionen con situaciones irreales: «yo lo puedo todo», «no tengo límites». No suele ser así. Está claro que tenemos límites. Pero lo que puedo, eso sí que debo hacerlo. Lo que está en mi mano es mi responsabilidad. ¡Adelante entonces! Me parece que el auténtico cultivo de una interioridad sana debe basarse en lo que realmente somos y vivimos, sin infantilismos ni vanas ilusiones que serían como flores de plástico en un jardín vivo. Para cultivar vegetación auténtica, debemos buscar y aprovechar, en toda circunstancia, las oportunidades reales que siempre existen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Un espacio que debemos cuidar y mantener bonito, limpio, acogedor. Aireado y libre, pero a la vez bastante cultivado.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recurrir por supuesto a la espiritualidad personal, a lo que creemos, es un recurso vital aunque no todas las personas lo tienen. La ayuda del elevado, o la vivencia que se tiene de no estar solos, son elementos muy importantes para recrear un ecosistema vivo dentro de uno mismo; al fin y al cabo no nos dimos nosotros la vida, y abrirse a ese «alguien» que nos la sigue dando, puede ser clave para ajardinar nuestro interior. La gratitud hacia este Ser, o hacia el universo y la materia, por la vida recibida, es un elemento básico de este proceso de saneamiento interior. Es como hundir las raíces en una tierra rica en minerales y nutrientes para que las plantas crezcan sanas y fuertes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, paladeemos el momento presente. Con lo poco o mucho que se tenga, estar vivos es fuente de una gran alegría. Saborear la vida en sí misma produce entusiasmo y facilita la empatía. Como el abono, la plena conciencia de presente transforma nuestra interioridad, que poco a poco será un remanso de paz donde descansar por las noches, o dónde entrar cuando estamos en soledad y silencio. ¡E incluso podremos ofrecer a los demás los frutos de la paz y el sosiego!</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Leticia SOBERÓN MAINERO<br>Psicóloga. Doctora en comunicación, España<br></em><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuente: <a href="https://www.revistare.com/2022/12/la-interioridad-como-jardin/">https://www.revistare.com/2022/12/la-interioridad-como-jardin/</a></p>
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